Entrevista a Melón Jiménez

EseJambo entrevista al joven guitarrista con motivo de la aparición de su nuevo disco


‘El sonido de los colores’ de Melón Jiménez

El guitarrista Melón Jiménez publica ‘El sonido de los colores’. Un disco flamenco que además ¡Suena flamenco!

Hay mucho gazpacho y a veces lo que apetece es ir directamente al jamón sin pan ni nada. Aquí lo que he querido hacer es que cada palo sonara a lo que es, que la Soleá sonara a soleá y que los Tientos sonaran a tiento. Que sonara lo más flamenco posible”.

Un disco sin aditivos ni mejunjes y en el que homenajea a ocho pintores españoles y sin embargo universales. La obra y personalidad de Dalí, Sorolla , Romero de Torres, Bonifacio, Saura, Miró, Picasso y Juan Gris se dibujan a través de diferentes palos flamencos.

He querido combinar la expresión de cada palo con el carácter de cada pintor o al revés, el carácter de cada palo con la expresión de cada pintor”.

A Dalí le ha tocado la Rumba. “Lo de Dalí te voy a decir que es una rumba porque la rumba es el palo más universal del flamenco, el que se más se conoce en todo el mundo. He decidido ponérsela a él como el hombre de la pintura universal, el maestro”.

Sorolla por Tangos. “Me ha gusta mucho el mar y los tangos son como muy de puerto. En la obra de Sorolla hay mucho mar, puertos, barcos, mujeres paseando por la playa … por ahí llega el vínculo más o menos”.

La Soleá es de Romero de Torres. “La soleá es un palo muy flamenco y que tiene mucha fuerza y las pinturas de Romero de Torres siempre me ha parecido que tienen mucha fuerza. Retrata mujeres muy guapas, muy solas y de repente aparece un guitarrista tocando. Es muy flamenco, por eso se lo he dedicado a él”.

– Háblame del maestro Bonifacio, a Bonifacio le llegaste a conocer.

Sí era amigo de mi padre y tuve alguna experiencia con él. Una vez me invitó a una fiesta y tenía una alumna que le había traído un cuadro y estaba muy contenta. Yo era pequeñito tendría tres o cuatro años. Dejaron el cuadro por ahí , había unas pinturas al lado y me puse a pintar encima. Llego la alumna muy enfadada ¡Éste niño me ha destrozado el cuadro! Bonifacio, al oír el escándalo vino corriendo. Cogió el cuadro, lo miró en silencio y dijo: – Esto es una maravilla, ¡qué colores! Me salvó. A Bonifacio le he compuesto unos Fandangos, le gustaban muchos los toros y los fandangos tienen un ritmo que me recuerda a los caballos, al campo y a los toros”.

Saura por Farrucas. “Una farruca que es un palo más oscuro, más dramático, sus pinturas las veo oscuras, dramáticas y por eso se lo he dedicado a él.”

– A Miró le has brindado una Granaína.La granaína es un palo espacioso, con mucho aire ,mucho silencio de por medio. Miró usa las cosas muy minimalistas y siempre deja mucho blanco. El blanco es el silencio de la música y cada puntito una notilla que dejas ahí que se prolongue a través del tiempo”.

A Picasso le dediqué la Alegría, por un homenaje a Málaga , a su mar, su playa. Además porque ha sido siempre el eterno alegre, siempre ha tenido un niño dentro y un niño siempre es alegría. Siempre con una energía y una ilusión pintando todo. Hasta el final de sus días”.

– Y por último el que menos colorido tiene en su apellido, Juan Gris.

Juan Gris es la Bulería con tintes jerezanos y la verdad lo hice porque él pinta muchas guitarras cubistas, él es como el padre del cubismo. Cuando veo una guitarra me acuerdo del toque de Jerez. He hecho el vinculo de la guitarra y de Jerez con el cubismo. Hay por ahí un estribillo que habla un poquito del cubismo.

Melón se arranca a cantar : “La guitarra también es cubista, con sus notas dibuja paisajes, la armonía llena de emociones, la belleza de las sensaciones”. Olé!

Melón Jiménez tiene 33 años y toca la guitarra desde que apenas andaba. “Nací en Alemania, mi madre pianista y mi padre guitarrista gitano de Jerez que aprendió con Rafael del Águila. Rafael del Águila estaba en el ‘Barrio del Chicle’. Por ahí pasaron Moraíto Chico, Paco Cepero, Gerardo Núñez y un montón. Era un hombre mayor que vivía en una chabola. Tenía agorofobia, no salía más allá de su calle. Un maestro, de ahí aprendió mi padre, Miguel Jiménez, y me lo transmitió todo de una manera familiar. Nací en Alemania, luego con un año me fui a Jerez y estuve hasta los 3 o 4 y luego ya me afinqué en Madrid. Prácticamente toda mi crianza ha sido en Lavapiés.

Con 15 años se embarcó en su primera gira internacional formando parte de la banda de la Niña Pastori.Yo tenía un grupo que se llamaba ‘Kimi-K’ que era con los hijos de ‘Ketama’ y tal. En esa época nos hacía la producción Josemi Carmona, él no podía ir porque le salió otra cosa. Me llamó y no me lo podía creer. ¡Se me cayó el teléfono de las manos! Ahí empecé a recorrer mundo con la guitarra, con ‘El Chaboli’, aprendiendo un montón y pasándolo bomba. Unos musicazos increíbles. Mi primera experiencia viajando”.

Desde entonces Melón Jiménez no ha desaprovechado ninguna oportunidad para seguir transitando fronteras terrestres… y musicales: Pitingo, Sandra Carrasco, Robi Draco Rosa, Anouska Sankar ,Mulatu Astatke, Enrique Morente , Armando Manzanero, Richard Bona, Jorge Pardo…

Hay que tener contacto y conexión con artistas de núcleos diferentes para tener la mente abierta, sino se queda uno encerrado”.

Melón Jiménez se ha enfrentado en ’El sonido de los colores’ cual pintor solitario frente al lienzo vacío.Ha compuesto todos los temas y él mismo lo ha auto-producido, auto- gestionado y auto- editado… auto-auto- auto: “Tiene todos los autos menos el autotunes”.

Tú y tu guitarra ¿Solitos todo el disco?

En la Farruca, la Granaína y la Soleá. está la guitarra sola. No hay cante en el disco, hay unos corillos que me ayudan a hacerlos una cantaora que se llama Teresa Hernández y es de La Línea de San Fernando. Una cantaora genial que hace poco anda por Madrid y que se rifan por los tablaos. Luego dos primos míos de Jerez que son ‘El Mochuelo’ y ‘El Patuleta’ que me han ayudado con las palmas, percusiones y el jaleo”.

El sonido de los colores’¿Se puede decir que te ha quedado un disco muy pintón?

Sí para mí está pintoresco sí (risas).Estoy muy contento con el resultado porque lo escucho y suena muy flamenco. Es la manera de plasmar mi interior, poder enseñarle al mundo lo que hago de una manera sincera. Ahí está grabado y espero que cuando sea un poquillo más mayor, lo escuche y me sienta orgulloso del trabajo que he hecho”.

¿De dónde viene lo de Melón?

En mi barrio con mi guitarra con seis años iba al chino y me compraba un montón de chicles de melón con pica- pica. Los primos de mi barrio me decían melón! melón! y con Melón me quedé. Me ha venido bien porque es un nombre muy flamenco. Mi nombre es Daniel Jiménez pero Melón está muy bien para identificarme y estar dentro del sector de la fruta, para estar ahí con Tomatito y quién más está por ahí….El Cigala también está cerca ,al laíto de los camarones.

¿En que punto de maduración está el Melón?

Está fresquito , está empezando a madurar todavía le queda un poco, que me de el solecillo, me den agüita, me lleven pa Villaconejos y me dejen allí un ratillo”.


El sonido de los colores’ lo presenta Melón Jiménez este Jueves 23 de Enero en el Café Berlín de Madrid.

@esejambo

Tomás Pavón. Colección Carlos Martín Ballester

Tercera entrega de lo que es, sin duda, lo más relevante que en materia bibliográfica y discográfica le está sucediendo al flamenco últimamente.

Nos referimos a la verdadera génesis del cante, de la ortodoxia, del estudio erudito del mismo y de la restauración de un género hoy por hoy en su enésima encrucijada. Todo en forma de publicaciones más que contundentes bajo la firma de Carlos Martín Ballester.

Porque damos por seguro que a la mayoría de los aficionados y profesionales les suena Tomás Pavón, y mucho. Hablarán, comentarán, escribirán y alguno dirá que hasta le trató. Pero otra cosa es que lo conozcan a fondo, tanto como a su hermana, que lo consideren sinceramente músico de cabecera o indispensable en sus creaciones flamencas. Digan lo que digan. Eso, cuatro. Y de los considerados raritos.

Ahora ya no hay excusas para escuchar con atención, conocimiento y total admiración la que fue obra de un eslabón nada perdido del cante flamenco.

Con prólogo de José María Velázquez-Gaztelu, el grueso del trabajo (un libro de más de trescientas páginas y un CD verdaderamente único) corre a cargo del mencionado Carlos Martín Ballester, poseedor de los audios primos y gerente cuidadoso de que esta edificación catedralicia asiente su tercer pilar en la figura del “gran hermano”, que diría su amigo Gamboa en el capítulo correspondiente.

Archivo del que se valora sobremanera el disco, no podía ser de otra forma al ser todo él el mayor archivo de Tomás a disposición del oyente, pero cuyo libro no merece tampoco un elogio menor. Del primero, hay que recordar que no fue Tomás amigo de lo social, ni de grabar, ni del estrellato. Así que las sesiones de estudio que aquí se proponen totalmente audibles resultan en cantidad algo ridículo, por ejemplo, en comparación con el legado de su hermana, pero muy trascendente en relación al género en su totalidad y calidad. Este señor era de los de quince muletazos y toda la plaza de acuerdo.

Ramón Soler en las consideraciones al cante, Norberto Torres como comentarista de lo que la sonanta hizo con el jipío de Tomás, además de los mencionados trabajos historiográficos y ensayísticos del propio Ballester y Gamboa, rematan un “tocho” que da la misma pena que ansia subrayarlo, comentarlo al pie y llevárselo en el petate a todas partes. Como Dominguín le dijo a la diosa, esto hay que contarlo cuanto antes.

Es Ballester un enamorado del coleccionismo, musical y más allá, como no lo hay en  nuestro país. De modo que lo que tenga que mostrar al mundo desde sus estanterías no tendrá discusión. Y francamente, al igual que sucedió con las entregas de Chacón y Manuel Torres, en el caso de Tomás Pavón el resultado se nos antoja, al menos en los tiempos actuales, insuperable.

Sin duda, obra definitiva. Como también lo será la cuarta entrega, que en breve tendrá a su hermanísima Pastora como protagonista.

Pablo San Nicasio

Eduardo Guerrero. Casa da Música. Porto

Sonaban tacones lejanos tras una puerta cerrada cuando llegó un servidor. Con una puntualidad germana daba inicio el espectáculo de Eduardo Guerrero. Dos minutos pasados de la hora y ya no nos permitieron el acceso. Pero no demoraríamos mucho en ir pasando con cuentagotas a la Sala Suggia de Casa da Música. ¿Una admiración plena por el flamenco? ¿un buen conocimiento de quien allí presentaba su trabajo? ¿Un perfecto entretenimiento para un lunes de lluvia y tormenta? …sea lo que fuere, no eran pocas las personas que allí se daban cita, pues colmaban prácticamente la Sala Clásica por excelencia de la ciudad de Oporto.

Un tablao improvisado sobre el escenario y un vestuario en modo Live de fondo es lo que se podía apreciar desde la butaca. Los seis artistas que allí se daban cita se presentaron en forma piramidal; a la cabeza el responsable de esta contienda, Eduardo Guerrero, al toque dos guitarristas Javier Ibáñez y Juan J. Alba y en la base sólida del cante las tres voces de Anabel Rivera, May Fernandez y Samara Montañez.

Y así daba comienzo el espectáculo, el cante y el baile se batieron en duelo desde el primer hasta el último instante, un diálogo de uno contra tres cabalgando sobre los diferentes palos flamencos en que el cante jondo reflejaba por momentos la conciencia del bailaor. Una lucha constante, un choque de almas, amor contrariado, el Hombre contra la Mujer y a veces él como ser inseparable de ella. Una coreografía bonita en la que el gaditano incluyó elementos diferentes, el uso de una cuerda para montar un número o arrastrase por el suelo a la manera de la danza mas contemporánea le dieron sabor a esta velada y no dejaron indiferentes a los que allí nos presenciamos. Un espectáculo inteligente apto para todos los públicos e inteligible tanto para el mas castizo como para el mas guiri. Eduardo Guerrero es de aquellos artistas de raza, muestra una técnica muy depurada, haciendo eco constante de sus raíces, pero sin dejar de mirar al futuro. Los artistas de los que se rodea no se quedan atrás, el bailaor va muy bien acompañado; las cantaoras lo dieron todo y en ningún momento aquello pareció un bolo de esos de poner la mano y continuar en la carretera. Las guitarras eran buenas, o muy buenas, desafinadas por momentos, pero con muy buen toque y nada despistadas. Y así daba fin a su último número, todo el equipo apuntando en la misma dirección y alcanzado el clímax, cuando Eduardo resolvió la actuación sentado en una silla y sonriendo al público. Un público puesto en pie que supo reconocer la labor de los artistas.

Y es que llevar tu arte lejos de las fronteras no siempre es fácil, aunque sea para representarlo en el país vecino. Cuando nuestro folclore es acogido de esta manera a cientos de kilómetros de casa no es casualidad. Este cuadro flamenco representó bien y así lo hará allá donde vaya. En esta ocasión fue Flamenco-Atlántico el responsable, pero serán bienvenidos Flamencos-Pacíficos o Flamencos-Índicos en futuras ocasiones. La difusión es importante y este tipo de artistas merecen ser vistos, escuchados y representados.

Texto y fotos: Roberto García

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