¿Cuánto hace que no plancha Alejandro Sanz una camisa?

 

Cenaba yo uno de estos días con un alto directivo de esta web especializada en copla y flamenco y la conversación parecía que iba fluyendo con normalidad: hablábamos de todo menos de copla y flamenco. El décimo campeonato de motos que va a ganar Valentino este año, la pelea entre Floyd Mayweather y Manny Pacquiao, la actuación del torero José Tomás en Aguascalientes, el toli del Monedero, la destitución de Casimiro García Abadillo como director de El Mundo… Pero justo al despedirnos, como sin darle importancia a la cosa, me dice este alto directivo:

—Espera, se me olvidaba —y abrió su maletín de alto directivo y sacó un pequeño objeto tridimensional—. Para ti.

Era Entre 20 Aguas. A la música de Paco de Lucía, un disco–libro que ha venido al mundo con la idea homenajear a Paco de Lucía un año después de su muerte. No tenía yo noticia de este homenaje, pero en cuanto lo tuve en mis manos y vi que uno de los participantes más relevantes era ni más ni menos que Alejandro Sanz, me di cuenta de la jugada.

Resulta que en Chalaúra llevan persiguiendo al señor Alejandro Sanz para pedirle una entrevista prácticamente desde el día en que a Tom Wolfe se le ocurrió bautizarse a sí mismo como el inventor del Nuevo Periodismo. No estoy desvelando ninguna información secreta: a ningún directivo de ningún medio de comunicación se le escapa el interés periodístico que tiene siempre cualquier sandez que pueda salir de la garganta del Rey Midas Alejandro. Pero nuestra superestrella a Chalaúra no le coge el teléfono, prefiere hablar con María Teresa Campos.

Resulta también que hace algunas fechas a este pobre imitador de Hunter S. Thompson que intento ser yo, se le escapó un pequeño insultito juguetonamente dirigido al señor Sanz, y, bueno, pues parece lógico pensar que a lo mejor no hizo mucha gracia en las altas esferas. El insultito era gilipollitas, que tampoco es para tanto, yo me llamo a mí mismo cosas peores, pero aquí todo el mundo tiene derecho a ir por la vida mostrándose todo lo delicado que le parezca oportuno, faltaría más.

El caso es que ahora este amable alto directivo me brinda la posibilidad de arreglar las cosas para que el señor Sanz se plantee cogernos el teléfono algún día. O sea: no me lo dijo con palabras, me dio el disco–libro y ya está, pero yo entendí el mensaje. En los medios de comunicación los altos directivos suelen hilar así de fino a la hora de encauzar las líneas editoriales.

Así que me vine para casa dándole vueltas al tema, buscando la forma de solucionarlo sin tener que humillarme a mí mismo más de la cuenta, aunque, por otro lado, humillarme a mí mismo es algo en lo que, y perdón por la falta de humildad, soy uno de los mayores expertos que conozco.

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A primera vista la factura del disco–libro resulta elegante. Impresos en el propio compact disc y en la contraportada del libro aparecen los logotipos de El País, Casa Limón, Universal Music Group y Prisa Radio. El libro trae textos de alguien llamado Amelia Castilla, que no sé quién es, y de Alejandro Sanz, Javier Limón, Carlos Saura y David Trueba, que sí sé quiénes son. Y el disco lo componen 16 canciones y un porrón de músicos: Chick Corea, Raimundo Amador, Diego del Morao, Abraham Laboriel, Chucho Valdés, Josemi Carmona, Dhafer Youssef, Jorge Pardo, Luis Salinas, Michel Camilo, Jerry González, Tino di Geraldo, Ivan Lins, Pepe de Lucía, Carles Benavent, Antonio Serrano, Alain Pérez, Antonio Sánchez, Israel Suárez, Piraña, José Mercé y Alejandro Sanz.

La idea del disco–libro dice Amelia Castilla que se le ocurrió al productor Javier Limón meses antes de morir Paco de Lucía, y las canciones están más o menos inspiradas en Vámonos, el monumento a la rumba que cierra el disco En vivo. Muy bien todo, pero esto iba de Alejandro Sanz:

Lo suyo en el libro son tres paginillas de una prosa muy estilosa (primer piropo compensatorio) que me permito citar a continuación: «Nunca se me olvidará la indolencia de nuestros políticos de pasarela y su incompetencia a la hora de repatriar a Paco. Nunca se me olvidará la emoción de un pueblo y de los artistas del mundo entero. Nunca se me olvidará lo que pesaba tu féretro…» Y luego en el disco el cantante pega cuatro berridos bastante bien modulados (segundo piropo compensatorio): Primera y última vez / que canto por soleá. / Yo le canto a mi Paco / que no me puede tocar. / Yo le canto a mi Paco / que vive en la eternidad. No sé por qué tiene que ser la última soleá que canta este hombre, para ser la primera tampoco ha estado tan mal (tercer piropo, y dejo de contar).

Me puse el disco mientras planchaba una pila de veinte camisas y me dio tiempo a escucharlo tres veces. Soy lentito planchando camisas. El tema es que planchar camisas no siempre es tan placentero como parece, pero hacerlo con Alejandro Sanz cantándome de fondo fue para mí una experiencia tan intensa, tan inspiradora, tan absolutamente femenina, que a partir de ahora no voy a poder escuchar otra cosa cada vez que tenga que planchar una camisa. Y es por eso, amas de casa del mundo, maridos o novios anti–machistas que de buen grado habéis aceptado compartir las tareas domésticas, ex–maridos, ex–novios machistas que ahora mismo no tenéis más remedio que arremangaros vosotros porque, como yo, no tenéis quién os planche las camisas, es por eso, que os voy a dar un consejo que os cambiará la vida: Alejandro Sanz cantando por soleá va como la seda para la plancha, o sea: en serio, es como si la plancha planchase sola, haced la prueba, ya veréis. Usted también debería probarlo, señor Sanz.

En fin, sólo espero que ahora no le dé a nadie por tomarse a ironía mis piropos después de tomarse en serio mi pequeño insultito. Por lo demás, tengo entendido que don Alejandro actúa en el Palacio de los Deportes, Madrid, los días 8 y 9 de septiembre. Haré todo lo que esté en mi mano por asistir a uno de los dos conciertos, o a los dos, qué coño, y así podré venir luego a contar aquí las cosas por partida doble, siempre que las llamadas Cloacas del Estado o Vicepresidencia de Gobierno no le exijan antes mi cabeza a nuestro consejo editorial.

 

Germán San Nicasio

Escritor

 

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