Obras son amores y Eugenia

todavía tiene un empujón bueno

Obras son amores es el nuevo disco de Antonio Carmona, conocido de ustedes, y Eugenia es Eugenia Martínez de Irujo, que el otro día se me sentó justo en la butaca de delante en el Teatro Nuevo Alcalá (Madrid). Esto fue el 26 de junio, lunes (2017). El legendario cantante de Ketama presentaba su tercer trabajo en solitario y nos regaló dos horas y media de música y buena energía y nos lo pasamos fenomenal todos, y Eugenia la que más.

Y muy bien, oye, yo a esta mujer no la había visto nunca tan de cerca y, amigos míos, me causó una impresión tan buena que estoy por decir que está en su punto. Se pasó todo el concierto bailando y grabando videos con el teléfono y mandándolos por Whattsapp, y yo detrás, como debe ser, cotilleando. Alguien le mandó a ella también un video del concierto de Alejandro Sanz que tuvo lugar dos días antes en el Vicente Calderón y en el que, por cierto —me cuentan mis fuentes—, mi Vicente (Amigo) tuvo una actuación muy estelar. De modo que durante unos minutos Eugenia estuvo viendo los dos conciertos a la vez. Siento no poder contar ningún chisme más jugoso, dicen que ahora anda con un chaval nuevo, pero al lado el otro día sólo tenía a una amiga con la que se hizo un montón de selfis y, como no podía ser de otra manera, allí estaba yo en medio de las dos, con mi cráneo reluciente rapado al uno. Me temo que en alguno de los selfis salgo mirándole el culo, y también el bolso, que lo dejaba de vista en la butaca muy confiada ella porque no sabía que el fulano que tenía detrás era de Carabanchel.

El concierto en sí también estuvo muy bien. Antonio Carmona, que —otra vez mis fuentes— fue uno de los primeros virtuosos con el cajón peruano cuando Paco de Lucía se trajo este instrumento a España y lo implantó en el flamenco, Antonio Carmona, digo, es un artista que lo da todo en el escenario, una transfusión de fuerza y alegría de vivir. El hombre no para de contagiar simpatía, en un momento dado se percató de que había en su mano un vaso lleno de algún líquido potente mezclado con limón y dijo:

—El médico me tiene dicho que esto ni lo vea, así que…

Y se tapó obedientemente los ojos con la otra mano y se empujó la copa para dentro.

Nos ofreció un esmerado pase de revista a los temas de Obras son amores (Universal Music Spain, 2017), y tampoco faltaron sus grandes éxitos en solitario Vengo venenoso y Para que tú no llores y algunos más de Ketama: No estamos lokos, Vente pa’Madrid… Hubo momentos de mucha carga emotiva, como las dedicatorias a Juan Habichuela y Ray Heredia, al que Antonio Carmona y un chavalito que no me quedé con su nombre —perdón— dedicaron la canción Se dejaba llevar por ti, de Antonio Vega, y también hubo un recuerdo muy especial para las buenas gentes de Venezuela, que ahí siguen con su infierno particular.

La lista de invitados que desfilaron por el escenario excedió muy ampliamente las capacidades de mi memoria. Que me acuerde ahora: un sujeto de buena planta llamado Pablo López, Lin Cortés, otra elementa que se llama Belén y que canta una especie de flamenco marciano en inglés, La Flaca y El Junior, Enrique Heredia El Negri, Chabuco, Lucía Carmona, que es hija de Antonio Carmona y también toca y canta, y otro Habichuela de unos tres añitos, aunque a éste no fueron capaces de hacerle cantar. Pero la gran sorpresa la protagonizó Remedios Amaya, que, como ustedes saben, ha tenido una temporada complicada y nadie esperaba verla allí. Cuando la cantaora hizo su aparición, Eugenia salió disparada con su teléfono y la estuvo grabando al pie del escenario hasta que terminó. Fue un ratito no corto de cante a capella el que se marcó Remedios Amaya para lucir facultades, y para ella fue la ovación de la noche, y la sonrisilla que traía Eugenia por el pasillo cuando volvió a su asiento fue la demostración de que vivir un momento irrepetible a través de la pantalla de un teléfono es perfectamente posible. No he dicho que la jovial miembro de los Alba y yo estábamos en las filas 15 y 16 respectivamente.

Por lo que se refiere al capítulo caras famosas entre el público, el Teatro Nuevo Alcalá fue un avispero de grandes personalidades, pero yo anduve con los radares eclipsados, ya digo que para personalidad grande mi vecina de delante. Apenas vi a lo lejos a Vicky Martín Berrocal y un poco más cerca al ex director de periódicos Ángel Expósito, que fue uno de los primeros en abandonar el teatro y al pasar a nuestro lado me gustó mucho el saludo tan educado que le dedicó a Eugenia. No como el sosainas de Sergio Ramos, que también estaba por allí y Antonio Carmona le invitó a subir al escenario a echarse unos cantecitos pero el futbolista declinó la invitación. No tenía el día cantarín. Iría con su señora.

Germán San Nicasio

Escritor

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