El rapto de Alba Molina

 

El sábado 7 de mayo de 2016 la cantante Alba Molina daba un recital en El Corral de la Morería, el tablao flamenco más famoso del mundo, y resulta que un grupúsculo terrorista dirigido por dos agentes renegados de la CIA tenía planeado secuestrarla. Menos mal que los servicios secretos españoles estaban al tanto de todo y consiguieron impedir no sólo el secuestro de la cantante sino también el conflicto de alcance mundial que muy probablemente se habría desatado a renglón seguido. Ahora, con los buenos a salvo y los malos fuera de la circulación, es el momento de trasladar a la opinión pública el relato de los hechos, y ésa es la tarea que hoy afrontamos nosotros, porque hablar de actos de contraespionaje internacional y espectaculares secuencias de acción para calificar toda esta trama es de suponer que suene a periodismo del bueno, pero no es posible pronunciarse en otros términos si queremos ser fieles a la realidad. O a la ficción.

El portavoz de los servicios secretos españoles que ha accedido a hablar con nosotros, aparte de unos modales exquisitos, ha exhibido una insólita locuacidad dado lo peliagudo del tema, aunque por motivos —según él— de protocolo, nos ha hecho prometer que bajo ningún concepto desvelaríamos las identidades de nadie, ni las de los agentes españoles ni las de los terroristas americanos. Comprendemos que nuestros espías patrios necesiten permanecer en el anonimato, pero no le vemos la lógica a ocultar la identidad de unos delincuentes, así que hemos decidido saltarnos a la torera nuestra promesa, al menos parcialmente. No nos parece justo tener que cargar con un secreto que otros no han sabido guardar. Tobin Frost y Tom Bishop, así se llaman los agentes renegados de la CIA que estaban al mando del grupo terrorista. Ya está, ya lo hemos dicho, no hay vuelta atrás.

En todas las historias de espías siempre hay cabos sueltos, y esta vez no iba a ser menos. Por ejemplo: nadie parece conocer las verdaderas razones que llevaron a Tobin Frost y Tom Bishop a traicionar a su país. ¿Dinero, emociones nuevas, amor? Ni idea. La cuestión es que le hicieron un corte de mangas a la CIA y se pusieron a actuar por su cuenta.

Se sabe que estos dos sujetos han estado implicados en un buen número de chanchullos que no vamos a enumerar ahora para no eternizar aún más el relato —tranquilidad, en seguida llegamos a lo de Alba—, pero no podemos dejar de mencionar que en el verano de 2010 ya intentaron secuestrar a la cantante americana Britney Spears. Secuestro que no consiguieron culminar con éxito y de ahí que llevasen todo este tiempo queriéndose sacar la espinita. Y esto es lo que nos conduce directamente a Alba Molina. Porque lo que Tobin Frost y Tom Bishop se propusieron para sacarse la mencionada espinita fue ni más ni menos que esto: secuestrar a la equivalente española de Britney Spears. Está por esclarecer el razonamiento lógico exacto que llevó a estos dos ex agentes de la CIA a considerar a la cantante Alba Molina como la equivalente española de Britney Spears, pero imaginamos que sus razones tendrían.

De modo que vinieron a esta cosa rara llamada España y, por los cauces tradicionales del espionaje que tan bien conocemos todos gracias a las películas de Hollywood, empezaron a buscar información sobre la cantante Alba Molina. A juzgar por los documentos encontrados en el piso de Carabanchel que los terroristas tenían como centro de operaciones, no parece descabellado concluir que la mayor parte de la información la sacaron de la Wikipedia y de la prensa del corazón.

Quizá sea bueno explicar brevemente quién es Alba Molina. En primer lugar nos estamos refiriendo a ella con el apelativo de “cantante” y no con el de “cantaora flamenca” porque ésa es la manera en que la apelada parece sentirse más cómoda. Como cantante. O al menos eso es lo que se desprende de sus respuestas en una entrevista reciente concedida a este mismo medio. Por si esto no fuese bastante, en la entrada que la Wikipedia dedica a su persona se puede leer lo siguiente: «Alba Molina Montoya (Sevilla, 26 de noviembre de 1978) es una modelo y cantante española. Sus padres son los integrantes del dúo flamenco Lole y Manuel». Hace muy bien la Wikipedia en especificar la nacionalidad, porque en Panamá, enclave paradisíaco muy de actualidad en las últimas fechas, hay una isla que también se llama Sevilla.

Por lo que se refiere a su faceta como modelo, en Google hay fotografías muy agradables de contemplar, y luego están todos los novios que se le han conocido: nuestro querido Alejandro Sanz, por ejemplo, y también una especie de rockerillo amigo del ex futbolista del Real Madrid José María Gutiérrez “Guti”, con el que posó sin ropa en la difunta Rolling Stone España (posó con el rockerillo éste impresentable, no con “Guti”). Pero nosotros nos centraremos en su carrera musical, porque, por inverosímil que resulte, los ex agentes de la CIA tenían en su poder la discografía completa de la artista, y en compact disc original, nada de pirateos. Los servicios secretos españoles temen que Tobin Frost y Tom Bishop se hayan podido convertir en fans acérrimos de Alba Molina, o quizá ya lo eran antes de plantearse su secuestro, sólo así se explica que, una vez encarcelados, pidiesen permiso para poner en sus respectivas celdas las fotos más sugerentes de la cantante.

Es más, Tom Bishop, concretamente, se niega a colaborar con las fuerzas españolas si no le hacen llegar los 3 discos en solitario de la sevillana, esto es: Despasito (Virgin España, 1998), Alba Molina (Virgin España, 2001) y Alba Molina canta a Lole y Manuel (Universal Spain, 2016).

Al parecer la canción favorita de este ex agente americano es Despacito, la que da título al primer disco, y desde que fue capturado no deja de tararearla ni durante los interrogatorios: Despacito, despacito / dame un beso despacito / que despacito es más difícil / pero es mucho más bonito. En principio nadie espera que un ex agente de la CIA esté dotado de un gran criterio musical, pero a Tom Bishop ahora mismo le importan más bien poco los prejuicios que alguien pueda tener sobre este particular.

Por si no se han percatado ustedes: la canción se titula Despacito, con “c”, y en cambio el disco se llama Despasito, con “s”. Ésta es una película de espías de verdad, quién sabe qué oscuras claves se pueden ocultar en cualquier mínimo detalle.

Más detalles: el tema Sevillanas de la vida, que cierra el segundo disco de Alba Molina, suena justo al principio de Sobreviviré, que es, de toda la Historia del Cine, la película con más flamenquito–pachanguero–bueno en su banda sonora (Albacete y Menkes). Luego hay que destacar también su participación en el grupo hippy–punk Las Niñas, su colaboración con los Navajita Plateá en el videoclip de Noches de bohemia (qué recuerdos, me cago en la mar), y su versión del Can’t Take My Eyes Off You, que fue sintonía de una campaña publicitaria para potenciar el turismo de Andalucía. Hay más cosas, claro, pero ésta es básicamente la Britney Spears española.

El asunto es que los ex agentes Tobin Frost y Tom Bishop necesitaban una ocasión propicia para llevar a cabo sus malévolos propósitos, y la ocasión se presentó cuando El Corral de la Morería hizo públicos los carteles para su festival flamenco de esta primavera. Alba Molina actuaría en la primera de las Noches Brujas, que así se llaman los espectáculos más estelares del festival. Ahí iba a ser.

 

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En líneas generales el plan estaba bastante bien estructurado. Consistía en hacerse pasar por periodistas especializados en músicas exóticas. Tobin Frost y Tom Bishop asistirían al recital, luego se colarían en el camerino con la excusa de entrevistar a la cantante para la sección de flamenco del The New York Times, la drogarían, la meterían en un taxi y adiós muy buenas. Tal vez este modus operandi pueda tener un regusto hollywodiense poco creíble, pero no olviden que estamos hablando de agentes renegados de la CIA, auténticos profesionales del Mal con mayúsculas.

El espectáculo estaba programado para la media noche, hora española, así que, después de merodear un rato por las inmediaciones de las Vistillas, Tobin Frost y Tom Bishop tomaron posiciones a las puertas del tablao, al ladito del Viaducto (Madrid. Por si alguien no se había orientado todavía). La cola era considerable y un empleado de El Corral de la Morería tuvo el gesto de salir a repartir paraguas porque había empezado a llover. Eran las 12.30 cuando los dos ex agentes americanos ocupaban sus asientos en una de las mejores mesas del local: la mesa de prensa. En efecto, como ya habrán adivinado ustedes, los ex agentes se fueron a sentar justo al lado de nosotros, que, cumpliendo con nuestras obligaciones profesionales, habíamos ido esa noche a cubrir el recital de Alba Molina, con lo cual, esta parte en concreto no ha hecho falta que nos la contase ningún portavoz de los servicios secretos españoles, somos testigos de primera mano.

A la 1.00 de la madrugada apareció en el escenario la bailaora Blanca del Rey, directora artística de las Noches Brujas y recientemente galardonada con la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, y, tras hacer las presentaciones de rigor, la luz se hizo en El Corral de la Morería.

Alba, amanecer, primera luz del día. Poesía, señores. El arte es energía. Personas cargando las pilas de personas. Utilizamos a las estrellas para que nos digan quiénes somos. Las caricias soñadas / son las mejores. Gracias, Alba Molina.

En la hora y media que duró el concierto, la cantante, fenomenalmente acompañada por Joselito Acedo a la guitarra, repasó los clásicos de Lole y Manuel que componen su nuevo disco: Todo es de color, Al Mutamid o Tu mirá, tema este último que, como saben, se hizo más popular de lo que ya era por aparecer en la banda sonora de la película Kill Bill 2, de Quentin Tarantino. Aquella tarde de abril / te dije vente conmigo / y no quisiste venir / y no quisiste venir / no te quisiste venir. / Y tu mirá / se me clava en los ojos como una espá, y Uma Thurman repartiendo estocadas por allí. Decía el poeta que recordar el color de algunos ojos no siempre es fácil, pero en cambio las miradas no hay Dios que las olvide.

También sonaron Para mí, perteneciente a su segundo disco, y Romance de la pena negra, que a Manuel Molina le gustaba cantar con su hija y puede verse en YouTube, aunque en el disco no está, y no confundir con Romance de la Luna Luna, de Federico García Lorca, del que Alba sí hizo una versión muy chula en su primer disco.

La cantante comentó que tal vez no se habría atrevido nunca con este repertorio si su padre siguiera entre nosotros (murió al año pasado por estas fechas), y, ciertamente, se podía notar la emoción que le producían las letras. Ahí estaba Joselito Acedo para apretarle el muslo entre tema y tema.

En fin, el público se lo pasó en grande y los ex agentes de la CIA pudieron comprobar que el flamenco es una música que gana mucho escuchada en directo, al contrario de lo que pasa con —dicho sea esto con el mayor de los respetos— Britney Spears.

Nosotros, claro está, no teníamos ni idea de la subtrama abyecta que se estaba urdiendo delante de nuestras narices. Es verdad que nos extrañó ver que dos hombres con aspecto de galanes de Hollywood se sabían las letras de Lole y Manuel y que además las cantaban al compás de Alba Molina, pero lo que vino a continuación nos pilló absolutamente por sopresa, igual que a todos.

Al finalizar el recital, mientras Alba Molina y Joselito Acedo agradecían los últimos aplausos, Tobin Frost le dijo a Tom Bishop:

—Vamos allá, ¿no?

—Vamos.

Pero ninguno de los dos llegó a dar un solo paso, no porque cambiasen de idea en el último momento, sino porque ocho fornidos hombres de las fuerzas especiales cayeron entonces sobre ellos como leones. Todos los presentes nos asustamos mucho, como es lógico.

Se movilizaron 3 helicópteros Black Hawk, propiedad del estado español desde que hace ya unos añitos nos los colase a precio de oro un intermediario armamentístico llamado Jerry Bruckheimer (otro nombre que igual nos echan la bronca por sacar a la luz). De cada helicóptero descendieron estilo rápel 4 miembros de las fuerzas especiales. Hagan cálculos. El caso es que rodaron por los suelos dos sillas y a un camarero se le cayó una bandeja, pero no se produjo ni un solo disparo y la operación duró exactamente 91 segundos desde que el primer soldado español irrumpió en salón de El Corral de la Morería hasta que se llevaron por los aires a los ex agentes de la CIA, cada uno en un helicóptero. A Alba Molina, por seguridad, se la llevaron en el otro helicóptero.

Lo primero que pensó la cantante cuando se vio sobrevolando Madrid a bordo de la aeronave del estado español y rodeada de todos aquellos hombres musculosos y extraordinariamente bien proporcionados y uniformados y cada uno con su pedazo de fusil de asalto en ristre, lo primero que pensó ella, como decimos, fue que estaba siendo víctima de una broma de cámara oculta.

—Me está pareciendo todo muy divertido, en serio, pero yo es que esta noche ya tenía otros planes —dijo la hija de Lole y Manuel.

—Señorita… —habló el coronel al mando del operativo.

—Señora —corrigió ella.

—Señora —volvió a empezar el coronel—, esto no es ninguna broma. Unos terroristas muy peligrosos pretendían raptarla después de su actuación.

—¿A mí? —La artista no daba crédito—. ¿Y eso por qué?

—No estoy autorizado a compartir esa información, señora, pero tenga usted en cuenta que cuando alguien rapta a alguien no suele albergar muy buenas intenciones.

—Y por eso han preferido raptarme ustedes primero.

—La llevamos a un lugar seguro hasta que no quede un solo terrorista en pie.

—Va para largo la cosa entonces.

—No crea, señora. Ya tenemos a los dos cabecillas en nuestro poder, y el resto de la banda tampoco tardará en caer.

—Pues espero que ese lugar tan seguro al que me llevan esté más limpio que este helicóptero —dijo Alba mientras señalaba con el dedo a un ratón que correteaba por el habitáculo.

La noticia de que algo raro había pasado en El Corral de la Morería se difundió rápidamente y llegó en seguida a oídos de los artistas anunciados para las siguientes Noches Brujas, que eran: David Palomar (14 de mayo), Flamenco & Sherry (21 de mayo) y Antonio “El Muñeco” (4 de junio). No había motivos para la alarma, primero porque ninguno de estos artistas se parece ni de lejos al equivalente español de Britney Spears, y segundo porque, como ya auguraba el coronel de las fuerzas especiales, el grupo terrorista quedaba a las pocas horas desmantelado por completo. El Corral de la Morería volvía a ser un lugar seguro, si es que en algún momento dejó realmente de serlo. Por cierto, que dicho tablao celebra este 2016 su sexagésimo aniversario: toda una vida regalando excelencia al mundo y siendo escenario de grandes aventuras; vaya desde aquí nuestra felicitación.

Volviendo a los hechos —quedan los últimos flecos—, los interrogatorios empezaron esa misma noche y ahí siguen. En estos momentos los malhechores estarán siendo torturados de unas maneras no del todo legales, como mandan los cánones del espionaje. No seremos nosotros quienes demos el beneplácito a ningún tipo de práctica inhumana, pero ahora lo que de verdad nos importa es que Alba Molina, gracias a Dios, está en perfecto estado, en su domicilio, retomando su rutina habitual de artista grande, cosa que redunda no sólo en beneficio de la propia Alba sino también en el de todos sus fans.

Y así se escribe la Historia, amigos. Como suele ocurrir cada vez que un personaje mediático se ve envuelto en algún jaleo de espías y helicópteros, es inevitable que las primeras informaciones que llegan a la luz pública vengan teñidas de una pátina turbia y contradictoria, de modo que el asunto se presta a toda clase de especulaciones. Nosotros, y ahora también ustedes, sabemos cuál es la verdad, pero no nos sorprenderá si en las próximas fechas empiezan a aparecer los típicos desmentidos oficiales que luego inspirarán la consabida retahíla de best–sellers literarios y finalmente Kathryn Bigelow dirigirá la película. Allá cada cual con su conciencia, no nos molesta ni lo más mínimo, incluso nos permitimos hacer desde aquí un par de sugerencias a la señora Bigelow. El papel de Tobin Frost nos parece que Denzel Washington lo podría interpretar con la solidez que requiere, y el de Tom Bishop, por cuestiones de pura afinidad fisonómica, le iría que ni pintado a Brad Pitt. Alba Molina, por su parte, sería perfectamente capaz de interpretarse a sí misma, y seguro que no pondría pegas a la hora de enseñar centímetros de piel en alguna escena romántica que los guionistas tuvieran el buen gusto de calzar en el filme. Esto sí que nos alegraría mucho.

Nota explicativa: aunque las peripecias aquí narradas se inspiran de manera más o menos libre en hechos ficticios, concretamente en la novela El rapto de Britney Spears (Libros del Asteroide, 2012), del escritor francés Jean Rolin, todos los personajes y los lugares que aparecen son por completo fruto de la realidad, por eso mismo queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copyright y bajo las sanciones establecidas en la ley, la reproducción total o parcial de este texto por cualquier medio, incluidos la reprografía y el tratamiento digital.

Todo esto ya queda reflejado con suficiente explicitud en el propio texto y estamos seguros de que los aficionados a las novelas de espias, que componen la parte del león de nuestros lectores, habrán comprendido en seguida de qué va la cosa, sin embargo, la experiencia nos enseña que nunca muchas vendas antes de la herida son demasiadas, así que discúlpennos la insistencia. El mundo está loco. Gracias.

 

Germán San Nicasio

Escritor

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Fotografías: Paco Manzano

 

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