Creed en Riqueni, malditos
Por Pablo San Nicasio @pablosannicasio
Había hasta apuestas sobre si Rafael Riqueni iba a actuar en el Berlín la noche del sábado. Entre lo mal acostumbrados que estamos y lo malpensados que somos, en el flamenco no damos tregua a nadie. Y con Rafael Riqueni estamos equivocados si nos imaginamos a un guitarrista que se viene abajo antes de un concierto o que sufre por su vocación. De esos hay muchos, y arriba del escalafón también. No es el caso de Rafael.
Lo contrario. Nada más lejos de lo que es este artista. A Riqueni le da la vida tocar en público. Y muy mal tiene que estar para no salir a cumplir con la mayor de las dignidades frente a los auditorios. Sus problemas han sido otros y muy alejados de lo guitarrístico, en lo que sigue siendo un ejemplo.
Sucede que lleva una racha irregular y uno nunca acabó de verle años seguidos en lo más alto, su sitio más que merecido. Con lo cual ya no pilla por sorpresa cuando alguna nueva, buena o mala, nos llega sobre él. Pero que nadie se equivoque. Rafael Riqueni tiene que tener cuerda para mucho más tiempo y la guitarra flamenca necesita más que nunca la dulzura de sus creaciones frente a la pirotecnia.
Una de las mejores entradas del año para escuchar la guitarra, concepto solista como no hay ya, del trianero de la calle Fabié.
Mitad neoclásica, su “Parque de María Luisa” con ecos que nos recuerdan a Sor y Giuliani; mitad flamenca. Siempre en lenguaje de guitarra española, más que flamenca o clásica. El único impresionista que conocimos en el flamenco.
Una música que suena personalísima y con una belleza sin parangón. Por mucho que se quiera explicar, lo que piensa la cabeza de Riqueni y llevan sus manos a las cuerdas, pasa por otros códigos que el resto de compañeros no conciben y sólo comprenden a posteriori, a la hora de asombrarse. Es así.
Tanto en formato solista como a dos guitarras, se vio a Rafael con ambición, “metiendo la mano” en todo momento, calentándose con el paso de los minutos y abordando todos los compromisos con valentía. No importó una uña rebelde o que la gente del fondo del Berlín armara bulla para hacerse notar.
Las cimas llegaron por soleá (una nueva entrega que acaba de crear), rondeña y en todos y cada uno de los trémolos que interpretó. Sin duda el rey de esta técnica actualmente. Por variedad, belleza, originalidad y frescura.
Rafael Riqueni es músico por encima de todo, creador de melodías y de piezas que se estudiarán en los conservatorios. Con los años, se recordarán también las peripecias vitales de este hombre noble e ingenuo. A la vez que sus partituras servirán a muchos para conseguir titulaciones más o menos honrosas. Pero que no se olvide nunca que Riqueni, si no ha cedido a los quebrantos de su biografía, repleta de demonios no siempre internos, es sobre todo porque es un extraordinario profesional y aficionado a la guitarra.
@chalauracom