Baile: Ángel Rojas, Pol Vaquero y “La Lupi”. Guitarras: Curro de María y Óscar Lagos. Cante: Miguel Picúo y “El Pulga”. Percusión: “El Cheyenne”.

CORRAL DE LA MORERÍA. MADRID

ALGO (BASTANTE) MÁS QUE FLAMENCO

Texto: Pablo San Nicasio Ramos

Ángel Rojas, si hubiera nacido en Moscú o en Connecticut sería hoy uno de esos gurús que van por las universidades, conservatorios y academias de Danza impartiendo enseñanzas y recogiendo trofeos al “mejor bailarín”, “mejor coreografía”, “mejor difusión de la danza”… no nos cabe duda. Lo que en nuestra web se conoce como “icono” de una disciplina y que tiene hasta sección propia. Artistas cuyas figuras tienen estampados en sus carpetas los y las aprendices de bailarines como meta a lograr. Su referente. El ídolo a batir.

Pero no, Ángel Rojas es de Madrid. Y eso significa saber pero también pelear muchísimo más que en otros lugares del mundo para que tu labor se reconozca y, de paso, puedas vivir de eso en lo que destacas: el arte.

 Ángel Rojas lo sabe todo, lo conoce todo y todo lo modela según necesite. Todo, se entiende, lo relacionado con la danza y con su difusión. Ahora, además de en otros proyectos también actuales, su cabeza está centrada en el flamenco y en el Corral de la Morería.

 El espectáculo “El Arte por delante” sí, es de flamenco. Pero la concepción y ejecución del mismo denotan mucho más. Lo primero y fundamental, un conocimiento del folclore nacional y las concomitancias que este tiene con el flamenco más elaborado y profesional. Todo está relacionado con todo.

Por eso, aunque comenzaron todos por tangos, ahí había elementos decimonónicos de las viejas escuelas boleras, soníos negros del hibridismo entre la guitarra clásica y la protoguitarra flamenca, café cantante… más cosas que unos “simples” tangos.

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Hubo conocimiento en los verdiales, con un juego de palillos que recordó a la querida Lucero Tena, genio que habitó también el escenario del mítico Corral de la Morería tiempo atrás. Y ese baile “agachao” que casi nadie estila hoy y que una Lupi añeja de juventud llevó de principio a fin.

Todos tienen su momento en un espectáculo que resulta denso y con molla, más que muchos de teatro y visón. Momentos grandes como el segundo número, con Rocío Bazán, estupenda por livianas y serrana. O los guitarristas, ambos sobresalientes por soleá por bulerías y bulerías.

Pol Vaquero con su baile enjuto y racial y los cantes de “El Pulga” y Miguel Picúo, complementarios y en su sitio.

La cumbre de Ángel por Farruca. Porque Madrid es así y él mejor que nadie para saberlo.

El Corral de la Morería es más que un Tablao. Por eso sabía Ángel Rojas que había que llevar más, mucho más que flamenco a su público.

 Fotos: Paco Manzano y María Aragón

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