Del mismo Bilbao

 

Por Pablo San Nicasio Ramos

@pablosannicasio

Fotos: Claudia Ruiz


 

Entrevistamos a Lander hace unos meses. Tipo sencillo, majete. Con la humildad necesaria para comenzar y poder aprender cuanto más mejor. No se cree nada, de verdad. Sabe lo que hay, que no es mucha abundancia en el erial cultural de este país, y le gusta el cante. Dejó su tierra natal y a Jerez se ha dicho. Sí, al principio mucha entrevista por lo exótico del asunto pero pasada la fiebre que da ser la novedad toca ponerse en faena. Y en eso está.

Con la carta de presentación previa que daba su disco, en el que la ortodoxia cantaora prima, llegó el pasado sábado a la sala García Lorca de “Casa Patas” “Maizenita”, que así se llama artísticamente este joven cantaor vizcaíno.

Engaña la sala porque, aun siendo reducida, cuesta llenarla y, al no haber micro, además uno tiene que tener un par de pulmones para hacerse con el ambiente.

Eso, y que la voz de Lander Egaña no es de las roncas-afillás-vozdecazallero fumador al uso. Es más bien una voz fina, casi en la línea del gran Vallejo. Con decir que canta por soleá al ocho por arriba alguno se puede hacer a la idea.

Y costó calentar,  porque la García Lorca es una sala que gusta de la ronquera y la guitarra con sonido “de arenilla”, y el sábado lo más hardcore corrió a cargo de los palmeros, estupendos y flamenquísimos “Josés” Peña y Rubichi. La pareja Egaña-Franco (José Ignacio) gustó más de sutilezas. El uno con su sobrio y afinado cante y el otro con sus fraseos de guitarra de palosanto y cedro rojo, clásica clásica.

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Comenzaron por tientos-tangos, bastante comedidos en tempo y siguieron por soleá y malagueña.

Uno, malpensado, intuye que el hecho de ser del norte implica algo más de sobriedad, de seriedad. Y parece que eso trae aparejado que serán los estilos libres los que más pudiera dominar Lander, pero no fue así. Tras las alegrías con la que cerró la primera parte, quedó claro que se había desatado.  Y que la sal del Sur se pega, no siempre, pero un buen puñado sí que ha cogido el amigo.

Fue comenzar la segunda parte y quedar claro que su voz necesita calentamiento y que ya entonces definitivamente había cogido temperatura. Ahora sí se oía y hasta las rusas de la segunda fila movían los pies. Las bulerías por soleá siguieron en la línea de las alegrías y no bajó el nivel por seguiriya.

Le pidieron una taranta desde las sillas (como si esto fuera a la carta, así, sin más) y, angelito, Lander se puso a favor de obra. Cosa complicada porque eso de darle el capricho a cada uno tiene su peligro, pero los cantes mineros que desplegó el cantaor fueron dignos de alguna lámpara. Muy pero que muy bien cantados.

Cierre por bulerías con las sucesivas y evocadoras falsetas de Morao de fondo y la sensación de que hay cantaor, con mucho terreno por andar pero del que vimos destellos de mucho más que un exótico vizcaíno con afanes cañís. Este parece del mismo centro de Bilbao. Ahivalahostia.

@pablosannicasio

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