En serio, esto de los premios

es pura política de mierda, menos

cuando le dan la Medalla de Oro

al mérito en las Bellas Artes

a Vicente Amigo (I)

 

Hay infinitas razones para admirar a Vicente Amigo como estrella mundial de la guitarra, y yo estoy de acuerdo con todas ellas. Hay infinitas razones para adorar, para venerar a Vicente Amigo como genio absoluto, como auténtico mito viviente de la música, y yo las suscribo todas. Yo venero a Vicente Amigo, lo tengo escrito, suscrito y requetesuscrito: soy una grupi, no en vano venerar viene de venéreo, como todas las cosas buenas de la vida, y por eso el otro día cuando supe que le habían concedido a mi ídolo la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes me llevé una alegría muy grande y no quería dejar pasar la ocasión: enhorabuena, Vicente. Ya está, sólo era eso, todo lo que pueda decir a partir de aquí no será más que un potaje de pleonasmos y empalago para darle grosor retórico el piropo, así que allá voy:

Fue el 29 de diciembre, 2015, cuando los señores Ministros del Gobierno de España hicieron oficial la lista de premiados. No me resisto a calzar la lista completa:

Vicente Amigo (esto va por orden alfabético, pero en mi corazón también aparece el primero); la soprano Ainhoa Arteta (bastante bien); la escritora Maria Victoria Atencia (ni idea, primera vez que oigo este nombre); la bailaora Blanca Ávila Molina, Blanca del Rey (mis jefes de Chalaúra dicen que bien); el experto en patrimonio José María Ballester Fernández (ni idea); el director del Mercat de les Flors, Francesc Casadesús Calvo (ni idea); el musicólogo Emilio Francisco Casares Rodicio (ni idea); el cantante Alberto Cortez (me pilla un poco lejos); el diseñador Emilio Gil Cerracín (ni idea tampoco); la diseñadora de vestuario Sonia Grande (ídem); el actor Emilio Gutiérrez Caba (éste sí: aplausos); el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza (no soy especialmente antitaurino, pero los toros no me parecen arte); el científico Michael Hoskin (ni idea); la escultora Cristina Iglesias (así así); el músico de jazz Enrique Llácer Soler Regolí (ni idea); el presidente del patronato del Teatro Real, Gregorio Marañón (¿éste no es el que tenía ya una plaza y una estación de metro?); la violinista Anne–Sophie Mutter (conozco a una Sophie, pero creo que no toca el violín); el barítono Leo Nucci (ni idea); el director del Festival de Cine de San Sebastián, José Luis Rebordinos (ni idea); el actor Jean Reno (otro que sí, menos mal); la bailarina y coreógrafa María José Ribot Manzano (ni idea, y todavía vamos por la R); el escritor y filólogo y muchas cosas más Francisco Rico (una vez me equivoqué y fui a una charla que dio este señor en el Círculo de Bellas Artes y decidí no leer nada suyo en los próximos siglos); José María Sanz, Loquillo, cantante (mide casi dos metros, medalla merecida); el escritor Mauricio Wiesenthal (no he leído nada suyo); el restaurante El Celler de Can Roca (verás tú como la cojamos con los cocineros, el año que viene medalla para Bertín Osborne); el grupo musical Los Secretos (aprovecho para resoplar); y a título póstumo: el arqueólogo Javier Cortés Álvarez de Miranda (ni idea), el payaso Joan Montanyés i Martínez, Monty (me suena mucho, pero ahora mismo no le pongo cara) y el filósofo y politólogo José Vidal Beneyto (ni idea).

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Nota: la lista está cortada y pegada del diario El País, edición digital, por si hay que reprocharle algún error a alguien. Copyright mío son los impagables juicios de valor entre paréntesis.

Total: me salen 29. Dejando a un lado el asunto de los nombres propios, que, como pasa con las calles a militares y dictadores en cualquier municipio que se precie, siempre habrá alguno que quiera discutir, dejando esto a un lado, digo, ¿me van a hacer creer ustedes, señores Ministros, que el género humano da para semejante saco de medallas a las Bellas Artes? ¿De verdad? ¿Todos los años? ¿Y dónde hay que ir para coger número?

Así están las cosas, si incluso los aspirantes a mandamás son capaces de ir por ahí citando a insignes tuiteros de la talla de Kant, qué se puede esperar de los que llevan en la poltrona desde antes de la invención del alfabeto. Un vistazo a la foto de equipo del Gobierno y es como para echarse a… ¿A qué? A absolutamente nada, es lo que queríamos, tenemos lo que acabamos de elegir entre todos, ¿no? Pues ya está, ahora ni una queja, ni sobre el criterio a la hora de buscar cuellos para colgar medallas ni sobre el estado del bienestar ni sobre los intereses generales de la ciudadanía ni sobre nada de nada. Por otro lado, hay que decir que el Gobierno sólo está en funciones y el futuro no pinta claro. ¿Entonces? Entonces a lo mejor lo que hay que preguntarse es hasta qué punto es decente que unos ministros concedan medallas al mérito en las Bellas Artes estando todavía el Gobierno en funciones. La quintaesencia de la decencia, sí: vamos a darnos vida no sea que vengan unos ruines y/o mezquinos y nos roben el cortijo. Tampoco es que estas ratonerías sean una novedad en la Historia de nuestra democracia y, en cualquier caso: qué carajo es eso del estado del bienestar y los intereses de la ciudadanía. ¿Santa Claus echándole al rey Gaspar la culpa de algún juguete roto? Si de verdad le preocupase a alguien el bienestar y los intereses de la ciudadanía, Inés Arrimadas sería portada del Interviu todas las semanas. No lo he podido evitar, ya sé que vamos todos con las babas colgando desde que apareció este monumento de mujer en nuestros telediarios pero es que creo que no lo decimos lo suficiente: Dios de mi vida cómo está la jamba, por favor. Lo digo desde ya: Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes para la señora madre de Inés Arrimadas.

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Se me fue el esférico por la línea de fondo. Os puedo asegurar que mi intención no era otra que deshacerme en piropos venéreos con mi Vicente, pero es lo que tienen estas fechas de celebraciones en cadena, que no le queda tiempo a uno ni para disfrutar a gusto de las resacas y cuando me he querido dar cuenta ya tenía montada la guerra civil. Y lo tengo que dejar aquí, amigos, me están llamando para la siguiente melopea. Como decía el otro día un tal Don Arfonzo —un Kant del Twitter (para mearse, sí)—: «Menos mal que nos han podido cambiar el año, porque el otro nos salió defectuoso». En fin, Vicente, compi, creo que Excelentísimo Señor es el tratamiento que viene con la medalla. Esta semana a ver si saco un rato y te redondeo el piropo como es debido. Feliz 2016 a todos.

Germán San Nicasio

Escritor

One thought on “Germán San Nicasio y las medallas de las Bellas Artes

  1. ¡Enhorabuena, Germán! ¡Qué crack tío! La verdad es la primera vez que leo/oigo tu numbre y, sin embargo, ya te permites depreciar a eminencias como Francisco Rico. Eres todo un ejemplo a seguir, campeón. A ver si el año que viene te dan otro premio de estos.

    Un cordial y afectuoso saludo.

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