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POR PACO

 

Texto: Pablo San Nicasio Ramos

Fotografías: Paco Manzano

Cuando salimos del Teatro Nuevo Apolo teníamos dos grandes sensaciones: una, Paco de Lucía siempre se rodeó de músicos tremendos y segunda, este no ha sido el homenaje definitivo al Maestro.

Comenzando por lo segundo parece claro: no estaban todos los que fueron. Es evidente que su último grupo, el de la última década, lució en plenitud. Pero la trayectoria artística del genio se rodeó de muchos más a los que ni se mentó, no sólo anoche, tampoco en otros festivales que proliferan. Su ausencia quita algo, deja cierto regusto de  orfandad a los programas que devotos y amigos elaboran con toda su buena ilusión. Desconocemos si los otros amigos-compañeros-colaboradores que tuvo Paco de Lucía en vida no habrán podido, no se prestarán al asunto o no se les habrá llamado, pero sobrevolar, sobrevolaron.

Al hilo de esta sensación se sumó la deficiente puesta en escena de los cortes inéditos, muy interesantes por cierto, del premiado documental de su hijo Curro. Ese ratón moviéndose, ese “Windows media player”, esa pantalla que no para quieta… en fin.

Con respecto a la primera sensación mucho más que comentar, y todo bueno, por supuesto.

Con la sorpresiva presentación de Ramón “El Portugués”, se gustó el gitano en su speech con buen aspecto y hecho un pincel, se dio paso a un concierto de dos horas con grandes momentos protagonizados casi totalmente por la música de Paco de Lucía, inevitable nostalgia por quien sigue siendo lo máximo que ha tenido el flamenco y la clara sensación de que ya no está, lo vamos asumiendo.

Fue el mismo Maestro el que hablaba de “Antoñito”, su sobrino, como un guitarrista de posibilidades. Y anoche lo confirmó. Bien es verdad que tocando todo música de su tío, algo que lleva haciendo toda la vida, pero es que oiga, eso, a ese nivel, es muy difícil. Y anoche hubo momentos de grandísimo toque, no se arredró ni con los picados de “Sólo Quiero Caminar”, ni con “Zyryab”, ni con los falsetones de las bulerías… gran sorpresa. Habrá que seguir a este “de Lucía” que anoche tomó un papel principal, casi diríamos que ejecutivo.

Su primo José María Bandera estuvo sin embargo algo más incómodo. Excelso tocaor que también sabe lo que es irse de gira con el patriarca de la noche, su fantasía por soleá fue peleada. Hasta su cara al final de la actuación solista le delató. Tuvo más momentos en la noche, con mejor tono. Un pinganillo travieso le desconcentró y su proverbial discreción acabaron por  dejar en la sombra un tremendo músico del que los “chalaos” tendremos pronto noticias.

Josemi Carmona. Hijo de uno de esos “cuatro o cinco” para los que tocaba Paco. Esos que escuchaban antes que nadie las propuestas del Maestro. Josemi tenía que estar anoche. Y demostró sobradamente su tremenda hondura arrancando con la granaína «Reflejo de Luna” y enlazando con su temazo “Tangroove”. Pero también improvisando y no quedándose atrás en los comprometidos versionados a Paco. Josemi va a medio gas y como un día se ponga en serio a grabar guitarra y más guitarra veremos lo que vale un peine de gitano.

Todos estuvieron a la altura, los que se sabían los temas y los que tuvieron que refrescar su repertorio. Impresionantes las percusiones del “Trío Porrina” (Piraña, Ramón y Sabú), la improvisación de su hermano “Pakete”, el bajo de Alain Pérez y, quizá aún mejor, la excelsa y hoy por hoy insuperable sabiduría armónica y harmónica de Antonio Serrano, un verdadero genio. Al final de la sesión muchas frases en los corrillos… “el tío de la armónica…”. Si saben de alguien que lo grabase búsquenle.

En el apartado cantaor una misma estética pero de calidad. Quejío gitano de David de Jacoba, Montse Cortés y un recuperado para los escenarios “Potito”, dos generaciones de cante que degustó mucho Paco de Lucía. Esos ecos camaroneros que ellos tres recrean creando.

Y “Farru”, ese icono para muchos y muchas que representa Antonio. Ese huracán que anoche volvió a rematar la faena antes de que todos se volvieran del camerino para buscar “Entre Dos Aguas”. Final cantado para una historia que, creemos, volverá a repetirse en muchos más escenarios. Si son como la del martes, será una gran manera de atraer aficionados al flamenco, porque la calidad resultó incuestionable. Ahora bien, también creemos que nunca nos parecerá suficiente si se trata de hacer justicia al Maestro.

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