Una aproximación apresurada al concepto

de humildad en la figura de Paco de Lucía

Estos días se cumplen 70 años del nacimiento de nuestro mito Paco de Lucía y, aprovechando que 70 es una cifra tan redonda como cualquier otra, he pensado que voy a compartir con ustedes unas reflexiones que llevo rumiando ya algún tiempo, concretamente desde que se nos marchó Francisco Sánchez, cuatro años va a hacer. Recuerdo las reacciones de la gente aquel 26 de febrero. Todo el mundo coincidía en dos cosas cuando se refería a su figura. Primero: se nos iba el guitarrista más grande de todos los tiempos. Y segundo: se nos iba el paradigma del genio humilde. De acuerdo al cien por cien con lo primero. Sobre lo segundo: ¿de verdad puede alguien salir a un escenario a hacer algo en público y al mismo tiempo ser humilde?

He vuelto a ver el documental Francisco Sánchez, Paco de Lucía, (Universal, 2003), de Daniel Hernández y Jesús de Diego. Lo habré visto como cuarenta veces y me gusta creer que sigo aprendiendo cosas nuevas cada vez que lo veo. Es una verdadera antología de frases citables, si en vez de ser un documental fuese un libro, lo tendría subrayado entero. Voy a reproducir unas cuantas notas del maestro, a modo de ráfaga preliminar:

«Yo ya no toco por subsistencia, yo ya como, ¿ahora qué? Cuando el estímulo es el hambre es muy fácil, pero ya cuando el estímulo es llegar a ser un buen guitarrista, el mejor, si es posible, ahí ya es mucho más complicado, porque el espíritu es insaciable. La barriga se llena rápido, el espíritu no.»

«Nunca veo lo bueno, siempre veo lo malo. Hago un disco y, si todo está bien, pues se da por hecho, es lo que tiene que ser, tiene que estar bien. Ahora, como haya una cosita así que esté mal, o que no esté tan bien, ya el disco no vale nada, el disco entero no vale nada… ni yo sé tocar, ni merece la pena tocar la guitarra.»

«Un día me pasó un detalle curioso. Iba yo en mi coche a jugar al fútbol y de pronto sonó alguien tocando la guitarra por alegrías. Digo: coño, qué bien toca ese tío, y me quedé como extrañado… Y de pronto reconocí que era yo. Automáticamente dejó de gustarme. Ya empecé a ver… no, no es así, está bien pero no… O sea: yo soy una especie de enfermo en ese sentido.»

«Yo, como flamenco, me sentía muy intimidado cada vez que había un clásico enfrente. Me crié con el complejo de no saber música, de no tener conocimientos de armonía y demás.»

«Es lo más importante que me pueda suceder [se refiere a su música], porque, de alguna manera, ahí estás mostrándote ante el mundo, estás diciendo: éste soy yo, y uno siempre quiere ser el mejor del mundo.»

«A mí me hubiera gustado haber hecho un disco toda mi vida. Haber empezado y… retocando, retocando, retocando, y grabarlo al final de mi vida, y entonces hubiese sido el disco que ya es imposible de mejorar porque ya te mueres.»

«El público prácticamente ya no sólo no me afecta sino que además me estimula, me da la adrenalina que uno necesita… la fuerza para tocar, que se necesita mucha.»

Bien, ¿no?

Pues ahora permítanme que eche mano del diccionario, que es algo que a veces resulta útil antes de empezar a desarrollar una idea:

humildad (Del lat. humilitas, –atis) 1. Sentimiento de las propias limitaciones o debilidades, y capacidad para asumirlas. 2. Baja condición social. 3. Sumisión.

Supongo que ven por dónde voy. Es obvio que hay incompatibilidades insalvables entre lo que dice Paco de Lucía y lo que el diccionario entiende por humildad. Porque tener asumidas tus limitaciones o debilidades…

asumir (Del lat. assumere, bla, bla…) 1. Responsabilizarse de algo. 2. Aceptar resignadamente una desgracia o algo desfavorable. 3. Interiorizar una idea.

No hace falta ser académico de nada para entender que tener asumidas tus limitaciones o debilidades es de todo punto incompatible con el hecho de sentirte atormentado por ellas. Y Paco de Lucía atormentado sí parecía un poco.

También es verdad que todos estos conceptos teóricos luego en la práctica es difícil que funcionen como sustancias químicamente puras. Por ejemplo: no se puede ser perfeccionista y a la vez resignado, vale, pero uno sí puede intentar superarse a sí mismo día a día y a la vez tener asumido que la perfección es imposible.

Y algo que el diccionario tampoco explica es qué pasa cuando no tienes limitaciones o debilidades, porque, bueno, estamos hablando de Paco de Lucía, y partimos de la premisa de que Paco de Lucía, como guitarrista, es perfecto.

Nota explicativa: El problema de escribir cualquier cosa sobre Paco de Lucía es que, para estar en consonancia, tú también quieres ser Paco de Lucía, y en cuanto se te va el metrónomo de las palabras te aceleras y acabas imitando su forma de dar las notas: las escalas vertiginosas, los picados, que dicen los guitarristas.

Otra nota explicativa: Los teóricos estructuralistas contrarios a las pirotecnias posmodernas dicen que desenmascarar las estrategias de seducción de un texto en el propio texto para lo único que sirve es para obstaculizar la lectura. Pues bueno.

Y otra nota más: Estar en consonancia con la perfección no siempre es fácil.

Mi teoría es que tener limitaciones o debilidades y a la vez tenerlas asumidas es incompatible con el hecho de salir a un escenario a buscar honradamente el aplauso del público. Si sales al escenario es porque estás convencido de que tienes algo bueno que ofrecer. Si te consideras a ti mismo una castaña de guitarrista y aún así pretendes que la gente te aplauda, entonces muy honrado no eres.

No digo que no pueda haber artistas que salgan al escenario a dar pena de manera deliberada, pero hasta ahora yo todos los que he visto, con independencia de sus motivaciones últimas y su habilidad para disimularlas, todos, salen a que les aplaudan.

Las motivaciones últimas que llevan a un ser humano a subirse a un escenario a hacer algo en público son siempre las mismas: dinero, fama, grupis. Soberbia.

Porque es posible que no exista arte verdadero que surja exclusivamente de la soberbia, pero sin soberbia nadie se sube a un escenario.

Nota: La definición de soberbia que trae el diccionario ya no la escribo para no apabullar.

Nota: El virtuosismo es de arrogantes, lo dice hasta Jude Law, el actor.

Nota: Tocar la guitarra es fabricar aplausos.

De modo que: ¿qué pasa si digo ahora que el hecho de salir a un escenario es ya en sí mismo un acto de soberbia? Cuatro posibilidades:

  1. El guitarrista humildemente humilde. Con el diccionario en la mano, esto sería la humildad en estado puro. Y aquí lo que dicta la honradez es: si eres humilde de verdad, no puedes salir a ningún escenario. ¿Isidro Sanlúcar?
  2. El guitarrista humildemente soberbio. Un acto de soberbia se puede realizar de manera humilde. Por ejemplo: cuando agradeces con reverencia los aplausos del público. Es perfectamente honrado.
  3. El guitarrista soberbiamente soberbio. Si para agradecer los aplausos vas tú y haces un corte de mangas o te vuelves de espaldas al público para señalarte la espalda con los pulgares como un futbolista portugués cualquiera, entonces estás siendo soberbiamente soberbio. Es honrado también.

Y 4. El guitarrista soberbiamente humilde. Alardear de humildad no es honrado en ningún caso.

Nota: Mi taller de los conceptos teóricos suele funcionar con más alegría de la cuenta debido a cierta pulsión colorista mía, aún así, quiero proponer desde aquí a los señores académicos una nueva acepción para su diccionario. Apunten: humildad también es lo que hace falta para reconocer tus propias virtudes y talentos.

Nota: Creer que se te ha ocurrido una acepción nueva para una palabra y creer también que a ningún académico se le ha ocurrido antes que a ti no es soberbia, es ignorancia, y además resulta ingenuo.

Nota: Acusarte a ti mismo en público de ignorante o de ingenuo es muy poco honrado, y vuelve a resultar ingenuo.

Nota: Presumir de falta de honradez en público tampoco es honrado, aunque presumir de lo contrario, en algunos casos, lo es aún menos.

Nota: Aquí de lo que se trata es de ser tan soberbio que te puedas llegar a permitir no ser soberbio, y esta nota es una cita de Rafael Sánchez Ferlosio.

Lo que pasa con Paco de Lucía es que la gente habla de humildad pero en el fondo es pura introversión. Es lo que tiene la filosofía popular, que a veces se equivoca al ver aquiescencia donde sólo hay inhibición. Nunca habló mal de ningún guitarrista, dice la gente. Pues claro, para qué. Mi hermano, que es el que sabe de guitarra en mi familia, a veces pone el ejemplo del atleta Usain Bolt, recientemente jubilado. Al famoso velocista no le hacía falta ir por ahí pregonando que él era el mejor y los demás unos lentos, ya quedaba claro en la pista. Aunque el paralelismo, añade mi hermano, tiene algunas inexactitudes. Si en una final olímpica de los cien metros diesen el pistoletazo y Usain Bolt llegase a la meta, volviese a la salida, mariposease un rato alrededor de los demás corredores, hiciese el pino cuarenta veces y aún así ganase la carrera, entonces sí sería el equivalente en atletismo a Paco de Lucía.

Y la última nota: Hay otra diferencia entre Paco de Lucía y cualquier atleta que se nos ocurra. Todo atleta sabe que antes o después será derrotado, en cambio Paco de Lucía, guitarrista perfecto, sabía que a él nunca nadie le haría sombra. Y ser competitivo y a la vez consciente de tu imbatibilidad significa que no tienes la posibilidad de admirar de verdad a nadie, a absolutamente nadie, y eso tiene pinta de ser una realidad no del todo feliz.

Germán San Nicasio

Escritor

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