BUEN PERO INACABADO EXPERIMENTO
Pablo San Nicasio @pablosannicasio
La noche del jueves la Sala García Lorca de Casa Patas estaba más cerca de las Ventas en San Isidro, que del minúsculo pero cabal cuarto de flamencos que los fines de semana se arremolinan a venerar al duende.
Porque, gracias al brujo Benamargo, que se las ideó para reunir en un mismo cubil nada menos que a Arcángel y a Pepe Habichuela, pudimos notar aroma de puro habano (sin encender), maruja de pose y melena al viento, fotógrafo de última hora tapando al aficionado de atrás y torero en la barrera. No se puede ser más pinturero en cien metros cuadrados.
Eso, y los cabales, que estaban peleándose por un hueco desde hace semanas. Anoche parecía que les habían invadido el territorio y muchos lo vieron desde fuera.
Y lo cierto es que lo que se prometía inolvidable fue más puntual, de detalles y estampas para foto y archivo histórico, que mollar en sí. No sabemos lo que pasaría el viernes, pero lo del jueves nos pareció el perfecto cuento inacabado. Puede que sea incluso mejor así, que nos quedemos con ganas de revancha.
De entrada la enhorabuena. Programar a semejantes artistas en un sitio tan minúsculo requiere compromiso por todas las partes, cesiones y gestos de afición. Siempre con lo auténticamente flamenco como objetivo.
Además, como era de prever, la respuesta de público fue todo lo masiva que podía este aforo.
En lo artístico el formato fue diferente a lo usual en la García Lorca. Esta vez no hubo intermedio de descanso y, aunque sin micros de amplificación, si nos pareció ver mecanismos de grabación al menos. Quizá se haga pieza recordatoria de la doble velada. Sea como sea, es bueno escuchar a las figuras sin micro ni decibelios. Hoy en día, ser un grande del género y cantar o tocar en la García Lorca es como torear victorinos, un gesto. O suenas, o te descubres.
Con el agradecimiento y las buenas intenciones por delante, el recital se desarrolló con el público a favor de obra y los artistas de igual guisa y desigual suerte. Arrancando Arcángel a palo seco y ligando a la seguiriya rápidamente se adueñó de la situación. Pepe, algo frío, enlazó falsetas bien logradas con otras mucho más peleadas.
En la caña y el polo encontramos uno de los grandes momentos de la noche. Excelente Pepe y sobrado, de nuevo Arcángel. Tremendo cantaor, no es novedad. Ligando y adornando, recreando y mejorando los tercios conocidos. La noche se calentó porque además el maestro Pepe Habichuela parecía tener ya las manos en orden.
Y apuntaba aquello a que de verdad iba a ser memorable. Pero la taranta, aunque corta, resultó fría. Y las alegrías, con momentos flamenquísimos, tuvo que pelear para levantar al público, que nunca acabó de romper.
La noche, sin ser aburrida ni mucho menos, quizá invitaba a la comparación con otras sesiones, y no siempre el balance era favorable. El descanso hubiera venido bien. El público no se hubiera enfriado, habría respirado, y quizá otro acelerón hubiera hecho levantarse a los espectadores. Y aunque los dos cantes siguientes, tientos-tangos y soleá apolá, fueron junto con la caña lo mejor de la noche, con momentos sublimes, la sensación de cuento inacabado cundió. Parte del público pareció perder el hilo. Ahí echamos de menos un par de fandangos, Arcángel era el elegido para eso.
Sobrevoló Morente, sus cantes y sus recuerdos. Quizá esto también condicionó a dos artistas que nunca habían compartido semejante compromiso. Debut juntos, sin micro y homenaje a su cantaor referencia. Mucha tela. Por eso también tuvo mucho peso y mérito todo lo que se logró.
Por otro lado, es posible que los pocos ensayos que hubieran podido concretar los artistas fuese la clave del agradable fresquito final. Quizá al día siguiente todo recalentase, ojalá. Desde luego si lo que tenían en la cabeza y las manos la noche del jueves acabó saliendo ordenado, centrado y redondo después, la grabación final será imprescindible.
@chalauracom