Farruquito no se deja encasillar

 

Los hermanos Fernández Montoya vienen a ser una especie de compañía combatiente al servicio del rey Luis XIII de la jondura, un ejército interminable de bailaores de leyenda, y Farruquito, Farru y El Carpeta son seguramente los tres espadachines que mejor pueden servir de inspiración a un aspirante a Alejandro Dumas. No se pierdan la foto del cartel que anuncia su nuevo espectáculo: TR3S Flamenco. No me digan que no son Los tres mosqueteros. O al menos Los piratas del Caribe. El parecido físico entre el Farru y el actor de Hollywood Orlando Bloom también es de lo más razonable. El caso es que estos hombres tienen pensado actuar en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid los días 18, 19, 20 y 21 de enero (2017) y Farruquito y Farru estuvieron la semana pasada por aquí de promoción, y yo, en mi cada vez más arraigada faceta de photography assistant —anglicismo gratuito, sorry—, tuve la ocasión de presenciar la entrevista que concedieron a Chalaúra.

La entrevista saldrá publicada en las próximas fechas, y también podrán ustedes admirar las correspondientes fotografías, que, por supuesto, no serán las que hice yo con la pequeña camarita que alguien me prestó, sino las de un profesional que sabe lo que hace. Lo mío sólo fue una excusa para poder andar por allí mariposeando.

Tenía yo curiosidad por ver de cerca al famoso Farruquito que tanto ha dado que hablar con sus hazañas dentro y fuera de los escenarios. Sobre todo con las de fuera, que son mi especialidad. Confieso: a mi olfato para el morbo no se le escapaba que ahí había material del bueno para lucir pluma en una columnita repleta de sensacionalismo y chistecillos facilones. Ésa era mi idea, sí: tirarme en picado sobre la yugular de Farruquito como Drácula sobre una damisela ruborizada o como un buitre leonado sobre una carroña. Se me hacía la boca agua sólo de pensarlo. En general los escritores somos la mayor mierda que te puedes echar a la cara, y Farruquito, acostumbrado a que le ataquen siempre desde el mismo flanco, se dio cuenta, estoy seguro, me caló las malas intenciones en cuanto me puso el ojo encima, pero no hizo ningún comentario al respecto, se limitó a atender a nuestro entrevistador estrella de Chalaúra con una simpatía y una educación irreprochables. Y yo mientras me dediqué a espiar la entrevista desde una distancia prudencial.

La conversación, por lo que llegó a mis oídos y por lo que más tarde me confirmó nuestro entrevistador estrella, no tocó en ningún momento ningún tema espinoso, más allá de la punta que le quiera sacar cada uno a cuestiones estrictamente flamencas como, por ejemplo, el número de horas que hay que ensayar al día para alcanzar la naturalidad en el baile o el eterno debate sobre la pureza en el arte y demás. Sobre esto en particular, sobre el concepto de la pureza, se ha vendido y comprado a lo largo de los tiempos tal cantidad de humo a precio de verdad absoluta que el ambiente parece un fumadero de historias raras. Farruquito no es muy de purismos, ni de dejarse encasillar fácilmente en una etiqueta. Entiende que el flamenco es demasiado grande como para meterlo en una definición y que ningún purista puede arrogarse la capacidad de repartir carnets de autenticidad en virtud de no se sabe muy bien qué dogmas.

Definición de esa cosa llamada purista según Alejandro Sanz: «Un purista es básicamente un portero de discoteca en estado puro». (Creo recordar que fue a Alejandro Sanz al que le oí esto, pero es posible que me equivoque, incluso es posible que me lo esté inventando yo todo ahora mismo sin darme cuenta. Si nadie reclama la autoría de la cita en un plazo de, no sé, 24 horas a partir de ya, automáticamente quito las comillas y me quedo con el copyright.)

No sé si quiero imaginarme lo que tiene que ser estar en el pellejo de una persona como Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito, siempre con los focos ahí encima. La opinión pública, la crítica entendida, la crítica no entendida, tus propias cagadas, incluso tus aciertos, todas las cosas de la vida confabulando con el resto del Universo para colgarte la primera etiqueta que les permita tenerte perfectamente catalogado. Catálogo: habitáculo inhóspito de proporciones mínimas en el que una persona no cabe ni de pie ni tumbada. Catalogar: deporte típicamente español que las denominadas redes sociales han sobrealimentado hasta el punto de que no queda en pie un solo dique de contención. La otra tarde estaba yo perdiendo el tiempo en la red social del pajarito azul y leí una de estas típicas frases con más efectismo que sustancia pero que las acabas retuiteando igual: «Los que defienden la facultad de criticar a los demás creo que son un asco de gente». Pues eso, ya les contaré qué tal Farruquito y familia cuando vea el espectáculo.

Germán San Nicasio

Escritor

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One thought on “Farruquito no se deja encasillar

  1. pues una pena que no estuviera en la entrevista el mas pequeño de los hermanos, el Carpeta, ahí también tendrías donde rascar fuera del escenario, ya que es novio de Aguasantas desde hace 5 o 6 meses, aunque, la verdad, lo llevan con una impecable discreción, aunque en Sevilla es mas que conocida la relación

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