Pablo San Nicasio Ramos

Es uno de nuestros músicos más y mejor documentados. En lo actual y en lo pasado. Es decir, que es de los que mejor sabrá afrontar el futuro musical, por lo que nos pintan,  entretenido a la vez que duro por estos pagos. El conocimiento y la información de base las tuvo en su misma casa, aunque lleva buscando más sin parar toda la vida. Parte de su aventura toma forma en este libro-disco que le hace debutar en solitario. “Razón de Son” o la megatesis que firmarían muchos grandes musicólogos al final de su vida.

Un trabajo que, imaginamos, habrá hecho concluir a Raúl Rodríguez que el flamenco es sólo una arista, una puntita en la gran estrella luminaria que es la música hispanoamericana. El flamenco es una música de ida y vuelta. Y no parcialmente, mayoritariamente. Claro que, es evidente, falta aún mucho por escribir y argumentar, y sobre todo muchos prejuicios y cerrojos que romper. Pero “Razón de Son” pone de su parte para ello.

Si mucho quedó claro con el inolvidable libro de Romualdo Molina y Miguel Espín, “Flamenco de Ida y Vuelta”, con la presente obra, impecable en edición y formato, tenemos al artista total. Que tiene ideas, las plasma en el papel y las dibuja con la música. Aunque él se considere un guitarrista “normalito”, lo cierto es que ya sólo con sus aportaciones en “Son de la Frontera”, la carrera musical del hijo de Martirio habría bastado para tenerle muy en cuenta. Sin embargo su labor antropológica de más de dos décadas culminada aquí y ahora, demuestra que han sido muchas generaciones las que han vivido sin información detallada. Sin tirar de un hilo imprescindible para entender la música flamenca de siempre.

El presente “Razón de Son” hay que abordarlo desde allá. Desde lo que es propio de tierras indianas y, a poco que se escuche, se reconvirtió “a la vuelta” en palos y demás estilos. Con su tres cubano, instrumento que domina como pocos en estos pagos, Raúl se pone en la piel de un García Márquez flamenco para describir un universo musical mágico, siempre con los mimbres del punto, la caña, la petenera veracruzana, el son, el fandango… a los que añade, también él mismo, su aportación al bajo, las percusiones, la guitarra acústica y, por supuesto, la voz. Cum Laude.

Cinco composiciones propias y otras tres versiones en las que se intercalan colaboraciones de Martirio, Emilio Cuervo “Webo”, la flauta-gaita de Bartolomé Franco “El Peta”, paisano onubense del grupo…

La incógnita es saber si Raúl seguirá tirando del hilo. ¿Quién mejor que él?

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