Pablo San Nicasio Ramos

Es, de los de arriba, el que más cobertura le da a la grabación discográfica continuada y a la guitarra sola. A su instrumento. Sin más elementos de adorno que la complejidad de la obra que tiene que abordar con ella. Que ya es bastante. La guitarra como eje.

Porque, si bien cualquier cosa que toca Juan Manuel Cañizares tiene un carácter de dificultad y riesgo elevado, cuando nos metemos en arreglos e interpretaciones de los clásicos la cosa se complica aún más. Y en eso lleva mucho tiempo. Y también de eso nos ocupamos ahora que “El Cañi” saca “Falla por Cañizares”.

Aficionado a estas estéticas desde sus inicios y clavando su primera pica en Flandes con los sublimes arreglos de Albéniz que el trío De Lucía-Cañizares-Bandera llevó al Olimpo en el año 1991, Juan Manuel Cañizares Lara vuelve a la carga después de rediseñar la concepción guitarrística de Albéniz y Granados. Y mucho nos equivocaríamos si dijéramos que esta entrega de Falla va a ser la última mirada del catalán a los patriarcas de la música nacional española del siglo pasado.

A lo que vamos, lo guitarrístico. Hablamos de dos discos de una serie más numerosa (el resto saldrán este mismo año) en los que definitivamente hablamos del guitarrista flamenco más volcado en la música clásica de la Historia reciente, que sepamos.

El Volumen 1 se compone de nada menos que dieciséis números correspondientes a tres magnas obras. “El Sombrero de Tres Picos”, las “Siete Canciones Populares Españolas” y las “Cuatro Piezas Españolas”.

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Tenemos también un Volumen 2 con “La Vida Breve” y nueve “Piezas para Piano” que rizan el rizo porque, cualquier guitarrista lo sabrá, transcribir y ponerle dedos de guitarra al piano o la orquesta requiere mucha destreza y pocos miedos. Todo lo enunciado, en definitiva, vuelve a suponer un “trabajo de chinos” a un músico que, por otra parte, tampoco le hace ascos a nada que suponga tanto esfuerzo.

 Para el guitarrista son dos los elementos a tener en cuenta en el discurso que hace Cañizares de las piezas. El timbre logrado y la articulación de las obras. Sin duda los dos principales caballos de batalla que hacen diferentes a un clásico de un flamenco en la actualidad y que al mismo Cañizares le costó en sus comienzos la estancia en el Conservatorio del Liceo de Barcelona.

Desde luego tenemos una ejecución al más puro estilo “Cañi”, con rigores de compás allá donde se exigen y pulsación netamente flamenca. Que, por otro lado ¿no es lo que pedían los compositores? De nuevo las dudas sobre si aquella-esta música que nos ocupa estaba más cerca del flamenco o del clásico, si es que no es lo mismo en el caso de estos autores. Falla, como pasó con Granados o Albéniz, tiene elementos demasiado evidentes al flamenco como para no tratarlos como una falseta o solucionarlos con un alzapúá, rasgueo serio o un picado. Y si a eso le añadimos la extraordinaria y personal facilidad con el instrumento que posee Cañizares el resultado no puede dejar indiferente.

Donde sí puede haber una discrepancia más generalizada es en los juegos y “estiramientos” del sonido y el tempo que, como ya sucediera por ejemplo en su versión del “Concierto de Aranjuez” pudieran cuando menos sorprender. Esos bendings y slides que mueven del asiento y que huelen a ese “deje” acústico y eléctrico que también forman parte de la personalidad del de Sabadell.

 Cañizares, es importante, no tiene problemas en grabar y llevar al directo (en formato cuarteto, con dos guitarras) una música que quizá supondría un trance insalvable para muchos que a priori sí llevan conviviendo con esta estética desde más tiempo. Abordar la interpretación musical con guitarra como un placer quizá sea la clave.

 Diremos que Cañizares transcribe y convierte a guitarra sola, dúo, trío y cuarteto de sonantas una música universal, aunque le cueste los dedos y reafinar hasta lo inverosímil sus guitarras. Todo con tal de servir de la manera más fiel posible a la partitura original.

 Con esta nueva reivindicación del guitarrista total se hace de nuevo necesario pedir la unidad del guitarrista español, el que tiene que agrupar sin miedo ni complejos en su bagaje interpretativo las técnicas clásica y flamenca. Es viable. Paso a paso.

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