Redacción Chalaura.com

No pudimos conocer personalmente a Manuel Molina. Por poco. Íbamos a hacerle una entrevista “chalada” el año pasado pero su hermano, a la sazón “road-manager” circunstancial nos dijo que su bohemia esa mañana estaba de su parte y no de la nuestra, así que los chalaos tuvimos que esperar. Ya no hubo otra.

Estaba claro que Manuel Molina Jiménez (Ceuta, 1948-Sevilla, 2015) tuvo claro que a este Mundo no se venía a perder el tiempo. Así que desde los doce años, que se sepa, se puso a vivir a su ritmo, por supuesto con soniquete. Aprendiendo la guitarra de su padre, festeando con Chiquetete y el Rubio, creando “Smash” y luego escuela junto a Lole. Nuevos aires para un flamenco que cantó, recitó, compuso, tocó y parió arte como pocos.

Manuel Molina fue un artista personal e irrepetible, chalao, con el que todos querían juntarse, a ver si se pegaba algo. Últimamente Farruquito o su hija Alba eran los que sabían más de él en el escenario. Fuera de él fuimos muy pocos los que nos enteramos hace escasas semanas de su enfermedad. Y de su renuncia a tratamientos, de los que marean la perdiz. El flamenco es otra cosa, lo sabía Manuel. Se fue con las botas puestas.

Os dejamos instantáneas de Manuel tomadas por nuestra maravillosa María Aragón “LA Gafa” en estos últimos meses, sin duda testimonio de su estrella sobre las tablas.

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