ILUSIÓN Y AFICIÓN
Por Pablo San Nicasio
La Casa de Granada en Madrid es un tesoro para el grueso de aficionados al flamenco en la capital. Aunque, curiosamente, estos todavía no le tengan cogida la medida como debería y anden perdidos. Poco a poco. No se dan cuenta de que este TAMBIÉN es un sitio para degustar flamenco en vivo y sin micros. Con artistas de calidad, muchas veces desconocidos pero no por ello peores. Antes al contrario, por aquí uno se sorprende de lo que hay fuera de los circuitos “oficiales” del centenario arte andaluz. Esos programadores… esas modas… ay.
Para cerrar 2016, José Manuel Hernández Blanco, cabeza visible de una cuidadísima propuesta anual, apostó por una pareja de jóvenes artistas para recordar a una pareja de leyendas inmortales.
Lucía Leiva y David Navarro pusieron la moviola flamenca y remontaron hasta los tiempos de Pastora y Pepe Pinto. Enamorados que murieron hace casi medio siglo con la misión flamenca más que cumplida y su amor como testigo inquebrantable.
Buena entrada pese a las fechas y a la conclusión lo tuvimos claro: fue un interesantísimo recital. Con momentos de categoría y una cantaora a tener muy en cuenta. Lucía Leiva se enfrentó a un repertorio complejo, por lo difícil y por lo conocido que es. Y estuvo a la altura. Dijo cosas y habrá que seguirla de cerca.
David Navarro, cordobés. Guitarra que está cogiendo carrera y buscando su sitio, abrió desde el escenario mientras Lucía desgranaba por soleá por bulerías, tientos, petenera y fandangos esas letras que Juan Valderrama creó para la pareja.
Petenera y seguiriya muy poderosas. De gran aficionada. Con poderío y capacidad. Y una característica sobresaliente: el temple. La lenta tersura con la que mece los cantes. Todo muy pastueño, mucho más que la media de los artistas de su edad. Y eso es francamente difícil. Cantar lento y no matar el flamenco es misión de titanes.
Cerró la primera parte con otro cante grandísimo. Una malagueña de la Peñaranda igual de lenta que los anteriores estilos y de nuevo saliendo victoriosa en la pelea.
Ciertamente la segunda mitad del repertorio fue más vistosa por aquello del compás y los temas conocidos. Pero la presentación, repetimos, fue poderosísima. Esta cantaora puede abordar cantes muy complejos con afición, conocimiento y una voz sin quiebra. Ojalá tenga suerte y sepa juntarse con aquellos que potencien su carrera y talentos. Tiene madera de corredora de fondo, de las enciclopédicas.
Tras una compleja y ambiciosa taranta de David Navarro en solitario llegó “Mi Niña Lola”. Aquel tema que Pinto dejó para la historia. Los famosísimos y célebres tientos-tangos de Pastora, sus cantiñas y la bambera, todo repertorio de libro, fueron superados con alegría e impecable solvencia por Lucía. Desprende ilusión por su oficio esta chavala. No es tan difícil tenerla, pero no es tan habitual ni tan evidente como podría pensarse en el escalafón.
Y de regalo, la granaína con su media.
Está viviendo Lucía a las orillas del Darro y el ciclo de conciertos homenajea a Falla. Todo muy granadino para, en la casa de Granada, no eludir este estilo.
Y el compromiso de mantener el calor con un cante, a priori, muy ortodoxo, no fue tal. Se marcó Lucía un número de los que pueden perfectamente llevarse un concurso nacional. Soberbio final.
Con las falsetas concertísticas de Navarro, guitarrista de ilusionantes ideas, cerró su visita por Madrid una cantaora que sólo por el empeño que tiene por cantar merece que no se lo quiten nunca. Sabe, quiere y puede. Pues a pelear, Lucía.
@chalauracom