AMÓS LORA vs TOMATITO HIJO

Viernes 28 de marzo. Madrid. Sala Berlanga. 21:00 horas. Por un lado Amós Lora, de Madrid, 14 años, por otro José Israel Fernández, de Almería, 16 años. Parecía que la cosa estaba planteada como una velada de boxeo con el cinturón de los pesos pesados alevines en juego, el campeonato de la guitarra del futuro: el trono de Paco de Lucía en el horizonte, pero a lo mejor interpretarlo así es dramatizar demasiado y puede resultar muy cruel poner a unos niños a cargar con la responsabilidad de llenar el hueco que acaba de dejar el genio de Algeciras. Bueno, la vida es cruel y probablemente los propios chavales sean los primeros que lo asumen y quizá hasta son ellos mismos los que buscan medir sus fuerzas en público.

Primero salió Amós, rodeado de un montón de individuos que le sacaban como dos cabezas: el de la percusión, uno con un teclado, otro con un contrabajo, dos palmeros y el de la guitarra de acompañamiento. Apenas había sitio allí para tanto músico. El caso es que Amós empezó a buscar sonidos y ya desde el principio se vio que no estaba a gusto, hasta el punto de que no llevaba ni tres minutos en el escenario y yo pensé: «Todavía se levanta y se pira», y me apuesto lo que sea a que al chaval se le pasó la idea por la cabeza, y si lo llega a hacer, lo de pirarse, automáticamente yo me habría convertido en fan suyo para toda la vida. Un chaval de 14 años pegando semejante espantá habría sido un acontecimiento de los que no se suelen ver en estos tiempos de artistas profesionalizados, pero se conoce que Amós se sentía responsable y se tragó las ganas. Dedicó su actuación a Paco de Lucía y, aunque es evidente que el chico venía con el pensamiento de darlo todo para homenajear a su ídolo, se le fue el rato dejando las falsetas a medias para cambiar de guitarra una y otra vez y, salvo algún pasaje suelto y el Zyryab del final, pareció que no acababa de encontrarse consigo mismo.

Tranquilidad: Amós es un fenómeno y tiene toda la vida por delante para encontrarse y seguro que en el próximo concierto se saca la espina. Dicen que de todos los niños precoces que Paco de Lucía tuvo ocasión de ver tocar la guitarra, Amós Lora es el que más le impresionó y le auguró un gran futuro. Amós es un genio, no hace falta ser Paco de Lucía para saberlo apreciar, tiene esa cosa mágica que no se puede explicar pero que se nota en seguida: es un músico que desprende luz. Lo del futuro nadie lo sabe, claro, y que un niño precoz llegue a cristalizar en artista grande es algo que depende de muchísimos factores imposibles de controlar, pero Amós está en el camino y vayan ustedes a saber lo que acaba saliendo de aquí, lo mismo los que hace un mes nos pusimos rimbombantes para sentenciar que la guitarra moría para siempre con el adiós de Paco de Lucía tenemos que tragarnos algún día nuestras palabras.

Tomatito hijo, por su parte, ya ha pegado el estirón. Yo a este chico no le había visto nunca y venía pensando hacer el chiste fácil: ¿Tomatito hijo?, pues Tomatito cherry, pero en cuanto ha aparecido en el escenario, por decirlo con el tecnicismo apropiado, se me han caído los huevos al suelo. Es un bicharraco descomunal, y no hablo sólo en términos artísticos, porque vale, sí, el tío se ha puesto manos a la guitarra y nos ha calzado un conciertazo de la leche, pero es que además tiene una percha y una carita el chaval, que se va a hinchar a grupis, vamos, seguro que se está hinchando ya. Tomatito padre, que andaba con los nervios lógicos tentándose los rizos por los pasillos de la Sala Berlanga, sabe que tiene un pajarillo en las manos y que si aprieta mucho se le ahogará y si afloja más de la cuenta se le irá volando.

La cosa tiene su miga, no crean. Por un lado está lo que representa la figura de Tomatito en el mundo de la guitarra y el flamenco, que es una cacho de losa tremenda, porque las comparaciones serán siempre inevitables y ser hijo del gran Tomatito y querer ser guitarrista es como ser hijo de José Tomás y querer ser torero o ser hijo de Messi y querer dar patadas a un balón. A veces tener un padre tan grande te puede arruinar la vida, pero por otro lado, contar con alguien que te cuide y te lleve de la mano por el buen camino es una suerte inmensa. Vuelvo a decir lo de antes: el futuro no lo sabe nadie, pero de momento el señor Tomatito padre está dando una dimensión admirable como especialista en abrillantar diamantes. No todo el mundo vale para la educación: se necesita mucha generosidad para compartir todos tus conocimientos con alguien y una humildad a prueba de egos para aceptar que tu alumno pueda llegar a ser mejor que tú, aunque sea tu propio hijo y le quieras con toda tu alma.

Por lo demás, aparte del percusionista, el otro guitarra y dos coleguitas dando palmas, acompañando a Tomatito hijo también iba su hermana al cante: Mª Ángeles Fernández, que es una delicia de cantaora y un bellezón de niña que cada vez que se ponía de pie a mí se me iban los ojos. Si un día se aburre de cantar (esperemos que no) también puede ganarse la vida como modelo de pasarela. En fin, familia, yo no tengo la culpa de tener ojos en la cara.

Germán San Nicasio

Escritor

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