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Guitarrista asentado en nuestro país desde hace lustros, el holandés Tino Van der Sman no sólo se ha ganado la confianza de todo el sector flamenco y sus profesionales; también el respeto. Y ojo, incluyendo aquí a sus colegas guitarristas y a la crítica. Que saben que este será de donde sea, pero “chanela”.

Así que con expectación se recibe “Curioso Impertinente”, nuevo disco de guitarra en tiempos de mirar hacia todas las direcciones, sea dentro o fuera de nuestras fronteras, buscando información novedosa compatible con la jondura.

“La Mano del Labriego” inaugura álbum. Pista que es bulería de Jerez pero con melodía que serpentea entre el compás continuo de la guitarra. Prima el aire, el compás, no tanto las falsetas. Quizá a partir de la mitad se serena y comienza una búsqueda más reposada de historias en modo menor.

“Jardín Antiguo” podría ser perfectamente una obra de guitarra clásica. De la académica total. Pieza que musica letras populares y versos de Luis Cernuda. Todo en la voz de una nueva reina, que canta tremendamente. Rocío Márquez se suma a al disco junto a uno de sus escuderos, Miguel Ángel Cortés.

Basado en la Malagueña de Isaac Albéniz se presenta “Que por mí”, pieza que, como otras del disco, no se atreve a denominarse por lo flamenco (bulerías, tangos, fandangos…) pero que lleva algo-muchisimo de ese fandango primigenio del que bebe buena parte de nuestra música. Vicente Gelo, compañero suyo de vivencias en la Heeren colorea con su voz una pieza que también podría entrar en el repertorio de un conservatorio. Sobre todo en esos en los que prima la cordura.

Una de las cumbres del disco, sin duda. Tino tiene resortes para tocar con la expresividad flamenca sin alterar ni un pelo el tratamiento que requiere una pieza de esencia decimonónica como esta.

La minera “Donde Candelilla Hubo” redirige la atención en exclusiva a Tino van der Sman, guitarrista que lleva rodeándose de grandes desde el mismo momento de su aterrizaje. Y no sólo porque él se arrime para aprender. También porque aquellos que le han tenido cerca saben que estamos ante un guitarrista de primerísimo nivel que las “coge al vuelo” y que no defrauda.

“La alegría del Valle” nos parece una de las cumbres del disco. Por calidad técnica, fraseo, sonido y flamencura, voz de Jeromo Segura incluída.

Guitarra de Tino con un sonido y una búsqueda de melodías que nos recuerdan a Manolo Sanlúcar y Vicente Amigo, una técnica que bien podría venir de ese espejo de vivencias que es Gerardo Núñez. Estamos escribiendo en serio.

La generosa “Marcha por Siria” responde de nuevo a una estética de guitarra clásica. Una fantasía de libre métrica y un tremendo y lírico trémolo. La guitarra de Tino van der Sman rezuma totalidad y no nos cabe duda de que eso y no la especialización de la guitarra española en estéticas es el futuro.

En esa onda de libertad, de toques sin esquema prefijado se sitúa “Anicha”. De vuelta a la variedad de estampas. Gusto por el trémolo. Quizá la pieza más “gerardera” y jazzera de todo el disco.

“Ojos Verdes” ha sido tradicionalmente una pieza que ha atraído a nuestro folclore y tradición sonora a gran cantidad de músicos. Quizá también fue el caso de Tino. Con la voz de Marta Santamaría, el arreglo logrado por van der Sman lo firmaría cualquier arreglista de los que llevan media vida en el conservatorio.

Si la anterior pieza resultaba jazzera esta coquetea con la vanguardia, con recuerdos no deliberados a la estética de Brouwer (la segunda parte ya es cubana-brasileña del todo) y a Turina. Con esa sevillanía que se marca como un precepto en la guitarra de Tino.

Mano a mano de tremendo nivel en “Curiosos Impertinentes”. Juan Antonio Suárez “Cano”, buen amigo de nuestro protagonista, se estira por rumba y entre los dos crean la pieza que da nombre al disco y que entre el rock y el jazz ponen sobre el tapete del estudio a una buena jazzband que no se olvida del “latin” al final.

“Curioso Impertinente” se cierra con “De Corazón”, pieza entre la nana, el bolero y la fantasía.

Álbum cuyas colaboraciones apuntadas son en el fondo las de compañeros de Tino en sus andanzas flamencas. Amigos flamencos a los que se unen “El Choro”, Jonhatan Reyes, Abel Harana, José Carrasco, Antonio Coronel, Rosario Amador, Rosario Nieto… y un etcétera donde el holandés también será un idioma con peso.

Si como Tino pregona en su libreto, nos debemos fiar de la ley por la que renovamos las células de nuestro cuerpo cada siete años, que se vayan olvidando de este guitarrista en otras latitudes que no sean las flamencas, a pesar de que podría con todas. Tino le pertenece al flamenco por lo menos siete años más. Nos lo quedamos.

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