Junio, ese mes y ese disco

Fotografías: Antorique

Por Pablo San Nicasio @pablosannicasio

Conocí a María en el festival de Guitarra de Petrer, en 2007. Resultaba deslumbrante. Una especie de Carmen de Bizet pero más talentosa. Sin tanto lugar para la pulsión gratuita. Ella no quería, no iba por ahí. María era la versión tuneada de la española de rompe y rasga.

Tuneada porque en María había mucho más que una imagen apabullante. Había llegado a Petrer a perfeccionar una técnica guitarrística ya de por sí depurada. Pero es que además cantaba flamenco con un soniketazo que rompía. No era normal. El alma de la fiesta poniendo firmes a todos cuando tocaba. Recuerdo que la acompañé por bulerías en “Sueño de Amor”.

No dejó uno de seguir su trayectoria. Aún así me di con ella de bruces en 2013, sin previo aviso. En Ámsterdam. En la Bienal de flamenco de los Países Bajos. Se había establecido allí por amor y por trabajo. No le faltaba de nada. La guitarra clásica estaba ahí, con ella, la misma de Petrer. Pero su quejío comenzaba a cotizarse verdaderamente, por supuesto no en España, que anda a lo suyo. Ya lo decía el proverbio: “Al artista flamenco le saldrán más contratos en Utrecht que en Utrera”. No se puede escenificar esa contradicción tan nuestra en nadie mejor que en María.

Si alguno de los lectores quiere detalles estéticos quizá se oriente cuando le diga que “Junio”, su ópera prima, aúna cante flamenco, canción popular española, poesía, canción de autor, guitarra clásica, romántica y flamenca. Todo en una artista. Ecos de Morente, de Dionisio Aguado, de su Utrera natal, de Leo Brouwer, valses venezolanos, de su maestro Antonio Duro, experimentación. Y flamenco de autor. Este sí que sí.

Composiciones que tienen sonido y estructura clásica, conocimiento en la mezcla. Letras personales y populares flamencas encajadas en una guitarra personalísima y delicatessen. “Junio” es materia de un recital para tantos públicos eruditos que casi se podría decir que es válida para todos las audiencias. María tiene para todos.

Y es que creo que nunca oí un disco con un abanico de estilos tan amplio. Seguramente porque no hay muchos artistas en España con tanta cultura en la sangre y en la cabeza como María. No es exagerado. Ya en Petrer, lo repito, sabíamos que teníamos que seguir su pista. Porque María ha bebido de todo y de todos. El futuro, señores, pasa por esto. No por los músicos de medio pelo, el guaysmo y el todo vale. Aquí hay horas de aulas de conservatorio, de noches de juerga, de estudio, de giras, de concursos, de penurias, de libros, de escuchar, de soledad.

María es España: cante, guitarra, belleza, fuerza, pelea. Por eso de momento va y viene. Aquí como que no se lo acaban de creer. Pero todo llega, María.

 

@chalauracom

 

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