JESÚS (del gran poder) MÉNDEZ

TEXTO: Pablo San Nicasio

Ir a ver flamenco con Romualdo Molina al lado es un lujo pero un peligro a la vez. Uno puede ir con la idea segura de mostrarle un auténtico fenómeno del cante y luego resulta que era lo contrario. O al revés, pensar que un concierto con poca entidad a priori no va a tener mucha historia y él te desvela que lo que se cuece ahí es lo más de lo más.

Así que había que llevarle a un recital con garantías para que él, además, sacara matices y nosotros, de paso, tomásemos nota.

Jesús Méndez en la Sala García Lorca es lo mismo que decir, a día de hoy, caballo ganador. Uno de los cantaores que más poderío derrocha sobre el escenario, que más aroma y sabor esparce en los cantes y, sobre todo, un artista con mucho camino por delante. Caballo ganador porque además la sala García Lorca es especial. Sin micros, con buena acústica, reunión de cabales. Poca parafernalia para que la garganta del amigo haga el resto.

Y así fue.  Bien es verdad que la segunda parte, con apenas tres estilos, sobresalió más que la primera, más irregular. Pero el conjunto fue escandalosamente sabroso.

Abrió por alegrías siempre en un registro de poder. Sobre la base de sus facultades dejando algo de lado el juego y el recorte gracioso que alguna letra sí pedía. Ya sobre la taranta la cosa cambió, como en el resto del concierto, y Jesús demostró que su teoría del flamenco no deja, de momento, mucho lugar al “cante optimista”, que decía alguno, y sí a la gravedad y absoluta jondura. La víscera, a la que a veces alude Mayte Martín. Decíamos, soberana la salida de la taranta y siempre valiente.

Soleá por bulerías con alguna letra de pregón y tientos-tangos. Sin descuidar nunca las formas, el terreno fue excesivamente fácil para él. A partir de ahora tendremos que pedirle más y más.

Porque la seguiriya de la segunda parte con el cierre de Manuel Molina y sobre todo los fandangos acordándose de Paquera, Palanca, Manuel Torre…pusieron en pie a todo el público. Extraordinario. Nos cuentan que años ha alguno hubo que pensó que los fandangos no eran flamenco.

Cierre por bulerías con la improvisada ayuda del primo Manuel Malena, que apareció para hacer dos letritas, y final con letras de Rafael de León. Esa Zambra Gitana, esa Salvaora…lo mismo. Creemos que ahí también hay mucho flamenco.

Flamenquísimo y muy variado en registros Manuel Valencia al toque. Destacó sobre todo por seguiriya y secundó sobresalientemente en los toques libres. Al compás de fiesta estuvo como en casa. En realidad, todos estuvimos como en casa.

 Romualdo, encantado. Él sacó en televisión, hace años, a un pariente de Jesús, José Méndez. Y veneró siempre a la gran Paquera, protagonista en su querido “Rito y Geografía del Cante”. Ahora, no para de decirlo, estamos en otra Edad de Oro. Y no sólo de la saga jerezana. Con ochenta años que tiene no pierde la capacidad de entusiasmarse y eso es envidiable. Pero es que… mucho poder tiene Jesús.

Sala García Lorca. Casa Patas. 29-11-2014

Jesús Méndez: Cante. Manuel Valencia: guitarra. Manuel Salado y J. Diego Valencia: Arte y compás.

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