Pablo San Nicasio Ramos

 

Diga lo que diga, el amigo Carlos Ledermann está que se sale. Al más que destacado disco de este 2015 hay que sumar “Identidad Propia”, breve ensayo sobre la composición y la actitud del creador en la guitarra flamenca. No sé si ustedes se acuerdan de algún artista, personalidad o profesional del flamenco que en un mismo año haya sacado libro y disco originales al mercado. Yo tampoco.

En verdad el volumen que nos ocupa se titula “Identidad Propia. Apuntes y Sugerencias para la composición en la guitarra flamenca”. Se trata de un libro de  muy fácil y sencilla lectura editado y publicado por la Editoral “Oscar Herrero Ediciones”. Firma que, a poco que nos sigan, queridos “chalaos”, imaginamos que les resultará felizmente familiar.

Ensayo que nos acerca a la composición para guitarra flamenca desde varios puntos de vista. El principal y, formalmente más evidente, es el pedagógico. Se aborda la creación de falsetas, piezas enteras, toques a compás, toques libres, creaciones para conjunto instrumental, la improvisación… teniendo como premisas mínimas los recursos bien sabidos por los que practican el toque flamenco. Carlos Ledermann, además de concertista, es un más que acreditado pedagogo y sabe de lo que escribe. Con consejos y en muchos casos ayudándose del papel pautado, podemos ver con nitidez los pasos a seguir para, desde la limitación inicial, ampliar horizontes creativos.

Sin embargo, creo que lo verdaderamente relevante de este libro es el enfoque psicológico, casi de autoayuda, sobre el sufrido guitarrista que tiene que “buscarse la vida” siendo “diferente” al resto.

Ahí Carlos Ledermann, quizá sin buscarlo, marca el verdadero gol del libro.

La guitarra flamenca actual, sobre todo en estos últimos veinte años, si por algo se ha caracterizado ha sido por su tremendo nivel artístico. Lo que ha significado la aparición de multitud de cursos, seminarios, discos, festivales y, lo más importante, guitarristas de gran nivel. Tan alto, que es la guitarra la disciplina flamenca que más y mejor ha evolucionado en los últimos tiempos. Mucho más desde luego que el cante o el baile.

Por el contrario, ese tremendo avance ha supuesto un importante cambio de actitud entre los guitarristas. Creándose verdaderas fiebres por ser el que más rápido, raro armónicamente u original toca. En muchos casos basándose en premisas equivocadas, ídolos inalcanzables o actitudes destructivas. Competición casi enfermiza que, sin embargo, contrasta con el escaso margen laboral que parece encontrar hoy día el sector.

Al grano, Carlos Ledermann pretende de una vez por todas emprender un camino más que necesario: la ordenación de las actitudes previas de lo que tocan. Fuera complejos, fuera imitaciones, fuera miedos. La guitarra como vehículo para expresar lo que es propio de cada persona, no lo que queremos que vean los de fuera, los otros, en ella. Se trata de expresar nuestra visión del instrumento y del flamenco con nuestro bagaje. Dignidad y calidad a la par.

Una sencilla fórmula que deberá calar hondo y que tiene en este tratado su primer granito de arena. A preguntas tan obvias pero tan poco formuladas como ¿Por qué toco?¿Cómo quiero crear eso?¿Qué quiero componer?¿Qué atmósferas buscaré? Carlos Ledermann tiene una respuesta que sí, toma en su respuesta como referentes a los grandes (Paco de Lucía, Vicente Amigo, Riqueni, Sabicas…) pero no tanto como modelos flamencos a imitar, más bien como actitudes únicas que en su día se propusieron decir algo que no se pareciera a lo que había a su alrededor.

Si bien es un libro enfocado a los guitarristas flamencos, no nos cabe duda, por otro lado, que es válido para el resto de músicos que tienen en la hoja en blanco algo más que un reto. A todos nos vendrá bien de vez en cuando echar un ojo y releer las opiniones y vivencias de un guitarrista que sabe bien lo que pasaba por la cabeza de nuestros ídolos en tal o cual momento, entre otras cosas porque convivió mucho con ellos.

Libro que es un tratado sociológico metiendo el dedo en la llaga del guitarrista. Músico que, en conclusión, aparece en “Identidad Propia” como un ser lleno de miserias a la par que grandezas. Profesionales del arte que han de vencer unos obstáculos no siempre tenidos en cuenta desde las butacas y que, de nuevo Carlos Ledermann, pone sobre la mesa para entender mejor a este maltratado gremio.

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