Conversación en el Teatro Real

 

El otro día (18 de julio, 2017) estuve en el Teatro Real viendo a Tomatito y a Michel Camilo. Fue una actuación absolutamente memorable, ahora les cuento, pero primero quería decir un par de cosillas que me están quemando un poco las tripas. Y es que el concierto se incluía en un festival muy marciano llamado Universal Music Festival, y si digo marciano es porque no sé si me atrevo a decir lamentable.

O sea: llámenme desfasado si quieren, o carca, pero no me acostumbro a ver anunciados en un teatro como el Real a sujetos como Luis Fonsi, David Bisbal, Pet Shop Boys, Sting o Bely Basarte. Nombres que tampoco parecen entusiasmar del todo al mismísimo director general del Teatro Real, don Ignacio García–Belenguer Laita, y si no ahí están los tres parrafillos de prosa protocolaria que firma este buen señor en el programa del Universal Music Festival. El amigo Ignacio, sí, mucho decir que el Teatro Real es una institución abierta a todos los públicos y géneros musicales, bla, bla, bla, pero de las estrellas en plantilla de la casa Universal no es capaz de darnos ni un solo nombre, y en cambio no se olvida de recalcarnos que en paralelo al festival éste van a seguir ofreciéndose en el Real «las magníficas óperas Madama Butterfly y Macbeth en concierto con la participación de Plácido Domingo».

Claro, Plácido Domingo es un nombre que a don Ignacio ya no le da tanta vergüenza poner por escrito. «La cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está a punto de desaparecer», nos informa en su libro La civilización del espectáculo el último padrastro hasta la fecha de Enriquito Iglesias, que ya en otro libro se preguntaba: «¿Cuándo se jodió el Perú, Zavalita?»

En el documental Francisco Sánchez. Paco de Lucía, de Daniel Hernández y Jesús de Diego (Universal Music Spain, 2003), el poeta Félix Grande nos explica la conmoción tan tremenda que se vivió en los ambientes operísticos cuando Paco de Lucía tocó por primera vez en el Teatro Real.

—Recuerdo —dice Félix Grande— el estupor de los conserjes y de los acomodadores ante un público al que no habían visto nunca y que les parecía ligeramente inapropiado para un templo de la música como era aquél. Era un público completamente distinto, casi todo compuesto por gente joven con barba.

El propio Paco de Lucía recordaba así el episodio:

—Se formó una especie de revolución, porque, claro, aquello era un recinto prácticamente sagrado, sólo para la gente de la música clásica. El País, por ejemplo, tituló la crónica de aquel concierto como La toma de la Bastilla.

¿Cómo de inverosímil les resulta a ustedes todo esto?

No sé si quedará alguien que todavía discuta la figura de Paco de Lucía a día de hoy, creo que no, lo que intento decir sacando ahora este hecho histórico a colación es que las revoluciones no me parecen en sí mismas siempre malas, algunas las veo muy necesarias, pero traer a Luis Fonsi al Real no creo que represente ninguna revolución, Luis Fonsi sólo es el precio que los amigos del Real han querido pagar para que no tiren abajo el Real y abran en su lugar un Zara, y, puestos a elegir, yo casi que prefiero un Zara. O sea: cada cosa tiene su momento y su lugar, y el lugar de Luis Fonsi es, no sé, ¿la horca?

Lo siento, perdón por la parrafada, cuando me pongo intenso no tengo medida, y lo peor es que ya no me queda espacio para contarles lo bien que estuvieron Tomatito y Michel Camilo… ¿Que no me queda espacio?, quietos ahí, polvorillas, estamos en internet, es el momento y el lugar de las parrafadas infumables. Como si no me hubiese cascado yo aquí ya más rollazos parecidos.

Concierto descomunal, así os lo digo, de lo mejor que he visto yo en lo que va de año, acontecimiento de los que te hacen comprender que la música se inventó para esto, para que artistas como Tomatito y Michel Camilo puedan hacer feliz a la gente.

Desde el primer momento se pudo notar una fenomenal sintonía entre los dos músicos, tocaban sin dejar de mirarse a los ojos, y piano y guitarra conversaban con total fluidez, y Michel Camilo, entre ovación y ovación, nos fue contando historias de sus discos en común, la trilogía que componen Spain, Spain Again y Spain Forever. El pianista dominicano es dicharachero, le gusta hablar, y todo el rato invitaba a Tomatito a que dijese también algo, pero nuestro Tomate ya sabemos todos que en público es más bien lo contrario: calladizo, las conversaciones entre instrumentos de música son las únicas conversaciones que le gustan a este hombre sobre un escenario, lo que pasa es que el compi Camilo no dejaba de insistirle cada vez que acababan un tema y al final Tomatito no tuvo más remedio que acercarse al micro y ocurrió la anécdota graciosa de la noche:

—Se empeña en que diga cosas —dice Tomate señalando desafiante al pianista, y el público se ríe con ganas, y el guitarrista añade que, como es lógico, le hace mucha ilusión estar en el Teatro Real. En seguida se le acaban las palabras al Tomate, pero no se va del micro, sino que se queda mirando unos segundos al pianista, otra vez desafiante, y acaba soltando—: Vaya camisa que llevas.

Y aquí la carcajada sí que fue gorda de verdad. El carisma de los tímidos.

Y es que Tomatito iba hecho un figurín, calzado y pantalones oscuros y camisa blanca impoluta, pero la camisa de Michel Camilo parecía un lienzo de Jackson Pollock. Camilo no se lo tomó mal, claro, se rió también de buena gana, y lo curioso es que en la foto del programa del festival es justo al revés, ahí el elegante es Michel Camilo y el hortera Tomatito. Échenle un ojo a todas las fotos si tienen ocasión.

En definitiva, los hombres se fueron sin tocar Two Much, que a mí me gusta mucho, pero la noche fue apoteósica. Los que saben de esto dicen que Michel Camilo es uno de los grandes pianistas de jazz del momento, quizá el más grande, y yo me lo creo de arriba abajo, y Tomatito lleva una racha que no para: Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, gira por todo el mundo con Spain Forever, y también está preparando el Concierto de Aranjuez con el guitarrista clásico José María Gallardo, que ya asesoró a Paco de Lucía en su mítica versión de la obra de Joaquín Rodrigo. O mucho me equivoco o se está cocinando uno de los grandes acontecimientos musicales de los próximos tiempos. Permanezcan atentos.

Y antes de despedirme por hoy, les comunico, por si no estaban ustedes al tanto, que el Universal Music Festival nos trae también a Juan Habichuela Nieto, otra de nuestras grandes esperanzas de la guitarra. Está previsto que el benjamín de los Habichuela salte al escenario del Real el 28 de julio, viernes. Es un poco raro porque será a las 13.00 horas, y una función flamenca al mediodía tiene que provocar por necesidad efectos secundarios sobre el organismo, como mínimo jet lag, pero si están ustedes ese día en Madrid harían muy mal en perdérselo. Que tengan una feliz semana.

 

Germán San Nicasio

Escritor

 

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