Texto: Pablo San Nicasio Ramos

Fotos: Pablo San Nicasio y Alberto González Armero


El título puede parecer impostado, o simplemente evocador de aquella celebérrima película de la desaparecida Saritísima. Puede, pero al final es el más apropiado para comentar la actual orfandad madrileña de la copla. Lo que fue y ya, desde hace mucho muchísimo, no es.

El paso de los años ha desnudado a la capital de España de los espectáculos copleros y de variedades en general, quedando olvidados varios géneros, sobre todo el primero, sin que nadie busque por los rincones de su propia identidad. Las modas o el simple y lógico paso del tiempo, de la vida han dejado en erial lo que otro tiempo fue reclamo y semillero de trabajo y bohemia.

Por eso a www.chalaura.com le pareció increíble lo que descubrimos hace no demasiados meses. Se nos acercó alguien para decirnos que aún era posible escuchar copla en vivo. ¿No querrás decir flamenco? No, copla. La antigua, la clásica. La de Marifé, Miguel de Molina, Lola…en la capital. Increíble. La última copla de Madrid.

 Nos hablan de Vallecas, de la peña “La Reja” y de Manuel de Segura. Ni idea.

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Busco y quedo con él. Me doy de bruces con un personaje salido de un baúl, de otra España, de otro tiempo. El Romanticismo personificado. Añoranza pero además condiciones, conocimiento y toneladas de amor por un género que de Despeñaperros para arriba apenas tiene eco en la Mancha y menos aún en Extremadura o Murcia. Así que para qué hablar de Madrid.

 Después de compartir mesa y mantel con Manuel quedo en ir a verle actuar en su peña de Vallecas. Su vida transcurre por los caminos de España, entre “bolo y bolo”. Seguramente él piense que su sino es haber nacido en Callosa de Segura (Alicante) y no tener sangre andaluza, la única que, dicen, es “identitaria”, sinónimo de duende, exclusiva. Así llevamos toda la vida.

Pero Manuel de Segura sabe que todo es relativo y que la mayoría de los que pasan el casting en “Se Llama Copla” y demás concursos del género no llegan al triunfo, dejan de lado este mundillo o simplemente evolucionan. Y de los que lo ganaron, sólo tres o cuatro realmente tienen fuerza suficiente para llevar una vida por y para la copla. No todo el monte es orégano y el mercado andaluz es el que es.

Manuel, sin embargo, desde la lejanía de la meseta puede seguir peleando. Él se lo guisa y él se lo come. Sin tanta presión de localismos o prejuicios de primos y “maris” ceracanos sobre lo que hace. A todos gusta y, aunque no sea líder de audiencia, tiene un mercado que explota como nadie. Quizá estemos ante el Miguel de Molina del siglo XXI. Desde luego, ante todo un héroe de la bohemia madrileña.

Vamos a verle, alucinamos con el sitio (dos plantas y una capacidad de unas 100 personas), con su soltura y su extraordinario don con el género coplero y su difusión.

A su puerta hace nada ha llamado también “Cantares”, el antiguo Pacheca, que se vuelve a acordar de vez en cuando de que la copla tuvo mucho tirón en Madrid. Quizá sea sólo el principio de un milagro. Suerte, Manuel, chalao.

@chalauracom

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