¿Se puede estar más gordo que Falete y ser artista?

 

Se puede, claro que se puede, pero no es nada fácil. Quiero decir: estar más gordo que Falete está chupado, incluso hay ex–futbolistas que lo consiguen, lo difícil es tener su arte para conjugar tonelaje y arrebato, su talento para el espectáculo simultáneamente inconcebible y feroz, su resplandor solar mejor o peor proporcionado, su gracia desafiante contra todas las leyes conocidas de la ambigüedad sobre el escenario. Ser Falete, queridos niños, no está al alcance de cualquier gordo.

Creo que fue un torero el que dijo que en esta vida hay que saber tener gracia hasta para tirarse desde un tercer piso, y quien dice un tercer piso dice un trampolín. En ese sentido, Falete, para ser saltador olímpico de trampolín, no canta mal, aunque si le hubiese dado por participar en Operación Triunfo, y a pesar de que ser el gordito de la clase puntúa muy a favor en estos concursos, lo más seguro es que nunca hubiese ganado. Para triunfar masivamente hoy en día no basta con un perímetro de cintura amplio y un vozarrón superabundante, se necesita algo más que Falete no tiene: el deseo de ser mediocre por encima de todas las cosas. Eso sí, al famoso Risto Mejide de los eslóganes laxantes se lo habría merendado pero sin despeinarse el moño, vamos, de hecho es posible que efectivamente se lo haya merendado y esté todavía haciendo la digestión.

El otro día tuve ocasión de presenciar el espectáculo que este buen señor ofreció en el recién inaugurado tablao flamenco Cantares, hasta hace dos días conocido mundialmente como El Corral de la Pacheca. Y el caso es que, por algún motivo oscuro digno de psicoanálisis, me pasé la hora y media que duró la función imaginándome a Falete convertido en el malo de la próxima película de Batman. Hora y media aguantando coplas a berridos con un piano como único acompañamiento y un bailaor con abanico que nos amenizó la pausa que hizo la estrella para cambiar de vestimenta.

chalaura-espectaculos-falete-en-cantares-05

Aparte del clásico yoísmo de las folklóricas y las continuas treguas a la contaminación acústica para conversar con el público, Falete, y no va con segundas, tiene una gran facilidad para llenar de contenido voluptuoso el escenario. Anécdota para estudiosos de la copla: no sé si antes o después de marcarse a capella unos fandangos muy chulos, unas señoras contagiadas de histrionismo le pidieron whisky en mano que cantase algo de Manolo Escobar, que había muerto el día anterior y ellas tenían ganas de homenaje, pero nuestro hombre con moño se negó de manera educada por aquello de respetar la ética de las etiquetas. «Yo no soy Liza Minnelli, ni ella fue nunca Falete», manifestó en otro momento de la función, y sus fans, que al parecer entendieron el chiste, le pegaron una ovación.

El asunto de las etiquetas es algo que a mí particularmente me despierta a veces inquietudes casi antropológicas. Hablemos de etiquetas. En realidad es cuestión de contexto y perspectiva, es decir: para un aburrido profesor de Historia del Arte, por ejemplo, las serigrafías de Marilyn que firmó Warhol seguramente sean pop a secas, para Scarlett Johansson serán afterpop o hiperrealismo dependiendo del día, y a la propia Marilyn igual hasta le parecieron en su momento pinturas rupestres. A partir de ahí, algunos pondrán a Falete la etiqueta de kitsch canónicamente inmaculado, otros la de folklore de vanguardia y para otros no será más que caspa de la de toda la vida. Yo diría que Falete es un cruce de Monserrat Caballé, Isabel Pantoja y geisha reconvertida en luchadora de sumo. Falete es la campeona de sumo de todos los trampolines.

Por lo demás, no puedo terminar mi rollo de hoy sin comentar que hace falta un valor tremendo o ser directamente kamikaze para abrir un negocio así, un tablao flamenco, en estos tiempos de grisura imperante —¿por qué insistirán en llamarlo crisis cuando es una ruina en toda regla?—, por eso yo desde aquí le quiero desear con todas mis fuerzas una larga vida a Cantares, aunque mis deseos no coincidan mucho con mis pronósticos, la verdad. Mi olfato para los dramas económicos me dice cosas poco esperanzadoras, pero ojalá me equivoque. Y al amigo Falete también le deseo lo mejor, faltaría más, y que siempre haya agua en la piscina, por pequeña que sea la altura del trampolín.

[box] Texto: Germán San Nicasio (Escritor) | Fotos: Rubén Rivas[/box]

[scrollGallery id=64]

One thought on “Reseña de Falete en Cantares

  1. «Falete es un cruce de Monserrat Caballé, Isabel Pantoja y geisha reconvertida en luchadora de sumo. Falete es la campeona de sumo de todos los trampolines.» Muy bueno, no tengo palabras… A pesar del olfato del escritor parecen ser inherentes sus bienaventurados deseos para con Falete, a ver si después de todo, va a haber luz al final del tunel.
    Gracias a Falete por atreverse a.
    Gracias a Germán por esta reseña chisposa y chispeante.
    Gracias al fotógrafo por plasmar un único momento.
    Gracias a Chalaura por ese «toque» profundo de lo que somos y como no, por ese pedazo de trabajo que hace!

Comments are closed.