La manchega más universal respondía en verdad al nombre de María Antonia Abad Fernández (Campo de Criptana, Ciudad Real. 10-3-1928. Madrid, 8-4-2013).

Quizá no fue la mejor actriz de su tiempo, ni siquiera la que mejor cantaba y actuaba a la vez, pero fue una estrella con todas las letras. Admirable en su vocación y empeño, fue nuestra primera musa en el olimpo hollywoodiense y el icono de una generación de españoles, sobre todo españolas, que anhelaban soltarse la melena y hacer realidad un sueño de vida.

“La Violetera” o “El Último Cuplé” son ya dos títulos míticos que ella sola se encargó de poner en órbita.

De turbulenta pero orgullosa vida sentimental, el fallecimiento de “Saritísima” sorprendió a una sociedad madrileña que se volcó en su despedida.

 

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