Mataría por trabajar con Quentin Tarantino

La cosa fue el pasado 28 de noviembre, viernes. La cantaora Mari Ángeles Fernández actuaba en el tablao Casa Patas (Madrid) para presentar su primer disco y para allá que me enviaron mis jefes de Chalaúra a cubrir periodísticamente la función. Y yo feliz de la vida, claro, era un cartelazo: se anunciaba la participación de los guitarristas Tomatito, Pepe Habichuela y Josemi Carmona, o sea, de manera respectiva: padre, padrino y productor de la cantaora, lo que pasa es que ese día estuvo marcado por el notición de Pedro Jota, que comunicó a través de Twitter su intención de fundar un nuevo periódico en las próximas fechas y —ustedes sabrán comprenderme— cuando de repente surge un pisuerga como este uno tiene que tirarse de cabeza le pese a quien le pese. Dice la actriz Sandra Martín en la revista Fotogramas de este mes: «Mataría por trabajar con Quentin Tarantino». Las actrices son muy de estar a todas horas reivindicándose a sí mismas. Sueño con parecerme a Audrey Hepburn, sueño con dar el salto a Hollywood, protagonizar una serie de la BBC, hasta Angelina Jolie dicen que no descarta soñar con postularse para presidenta de los Estados Unidos y, de hecho, la propia cantaora Mari Ángeles Fernández, bastante más parlanchina que su padre, se pasó la noche del viernes reivindicando una y otra vez las bondades de su disco. Yo también soy muy actriz y soy capaz de hacer cualquier cosa por cumplir mis sueños, incluso comerle la picha al ex–director de El Mundo, así que ahí voy. Querido Pedro Jota: necesitarás un Francisco Umbral para tu nuevo periódico. Yo soy tu hombre.

Primer mandamiento del decálogo Francisco Umbral del perfecto columnista estrella: primero yo, después yo y después yo. Mis lectores ya saben que yo esta tribuna de Chalaúra básicamente la utilizo para hablar de mí, o sea: mi homilía de hoy tampoco es ninguna excepción, Pedro. Segundo mandamiento: un columnista estrella nunca pelotea a nadie de manera inocente, sino con la mordida en mente. Es lo que podríamos llamar la autoconsciencia del peloteo. En este apartado también soy el mejor, y si no que se lo pregunten a la bailaora Paloma Fantova, que me tiene loco y siempre estoy aprovechando cualquier pisuerga para tirarle la caña y, por cierto, el viernes estaba entre el público, apoyando a Mari Ángeles Fernández, y cada día que pasa la veo más guapa, aunque de momento sólo me atrevo a cebar el anzuelo por escrito. Con el que sí me habría atrevido es con el editor Daniel Ortiz, de Ediciones Escalera, que también estaba en Casa Patas y los editores vienen a ser la pieza favorita de ese gran depredador que es todo escritor. No anduve ágil a la salida y le perdí de vista, pero, bueno, por ese lado tampoco tengo tanta urgencia, mis valedores incondicionales de la Editorial Eutelequia —si no ocurre ninguna desgracia, toc, toc, toc— están a puntito de sacar mi próximo libro, que, ya que estamos pisuerguistas, se titula Una sardina en una copa de champán y va a suponer mi big bang definitivo en el firmamento literario universal.

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No voy a desarrollar los diez mandamientos del decálogo de Umbral porque tampoco me quiero eternizar y, en fin, algo tendré que decir de Mari Ángeles Fernández para justificar la publicación de esta columna en un medio especializado en flamenco y copla.

El disco se llama Mírame y, por lo que pudo verse el viernes sobre el escenario de Casa Patas, tiene pinta de ser muy comestible, que dicen en el mundillo del show business, con un aire muy de banda sonora de película de Almodóvar —Luz Casal, Estrella Morente, Concha Buika—, y no se equivocaría el director manchego si contase con la niña de Tomatito para su próxima obra maestra candidata al Oscar. Mari Ángeles Fernández canta con la naturalidad del que sabe que no necesita sobreactuar para conquistar la emoción del espectador, y es que, a pesar de su juventud, la chavala tiene ya muy comprobados los poderes de su dulzura innata. A mí se me encresparon las melancolías cuando versionó eso de Joan Manuel Serrat de «sin ti no entiendo el despertar» que también le cantaba Pedro Jota a Umbral todas las mañanas.

La actuación duró algo menos de una hora, siete temas, y fue un carrusel de músicos, porque para cada tema la cantaora decidió acompañarse de una formación distinta en el escenario. Siete combinaciones de teclado, bajo, cajón, una gitanita que le hizo los coros en una rumba y la tropa de guitarristas. Aparte de los mencionados Tomatito, Pepe Habichuela y Josemi Carmona, también actuó el Paquete, guitarrista de la mítica Barbería del sur. Dadas las peculiaridades arquitectónicas de Casa Patas, Mari Ángeles Fernández y compañía, para llegar al pequeño habitáculo que hace las veces de camerino detrás del escenario, primero tuvieron que atravesar por la zona destinada a los espectadores, y luego, como no cabían todos en dicho habitáculo, los músicos tenían que esperar su turno a la vista del público. Se me hizo gracioso ver a Tomatito sentado a pocos metros de mí en los temas en los que no le tocaba acompañar. El hombre, que tocó en vaqueros y camiseta y aún así tenía una pinta magnífica, no podía disimular la felicidad mientras escuchaba a su hija.

En definitiva, una artista a tener en cuenta: Mari Ángeles Fernández. Sólo una última cosa, Pedro, mi columna en tu periódico tendrás que dejarme compatibilizarla con mi colaboración en Chalaúra. Sé que serás comprensivo, tú también te has caracterizado siempre por compatibilizar historias de todo tipo, y por lo que respecta a mis jefes de Chalaúra no hay problema, me toleran las promiscuidades, tengo un enchufe muy gordo con ellos, sólo así se explica que me dejen colaborar sin tener (yo) ni la menor idea de flamenco. Tercer mandamiento de Umbral: un columnista estrella no necesita dominar una materia para sentar cátedra, es más, si eres un absoluto analfabeto en dicha materia, mejor que mejor. Aquí admito que el campeón en analfabetismos es el filósofo, ensayista y pedagogo español Risto Mejide, que acaba de llevarse el premio Espasa de ensayo y el año que viene se llevará el premio Planeta de novela. Lo de Bárcenas, Ana Mato, la última temporada de Los Pujol y el becario de Podemos es una broma al lado de otras corrupciones que yo me sé. Aquí lo dejo. La próxima columna la utilizaré para tirarle los trastos a Jennifer Lawrence.

 

Germán San Nicasio

Escritor

 

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