Bienvenido Mr. Riqueni

 

Texto: Pablo San Nicasio

Fotos: Paco Manzano

 

No teníamos previsto reseñar este concierto. Fuimos porque, oh mentes calenturientas, quisimos comprobar una vez más el estado de la cuestión guitarrística general (cuando menos dubitativo) y encontrarnos, por fin, con el maestro Riqueni en un directo. Sabíamos que estaba recuperado pero, de nuevo las cabezas malpensantes, no acertábamos a imaginar cómo. No queríamos creer que sí, que cual Ave Fénix, el genio trianero había vuelto. La estancia por las profundidades había durado mucho y su oscuridad para la mayoría de los mortales hubiera supuesto el fin. Estábamos bastante desconfiados. La verdad por delante. No íbamos a pasar el rato, pero casi.

Era más bien una cuestión de comprobación del físico, de la integridad más elemental guitarra en mano, de cotejar lo cierto de los rumores y ver si, como nos prometían sus cercanos, a este grandioso guitarrista se le podría volver a tener en cuenta para algo más que para momentos anecdóticos de romanticismo, añoranza e imaginación.

Así que nos plantamos en el Teatro de la Abadía, hasta arriba de amigos y artistas, y esperamos.

Salió “Fali”, grande él. Con esa barba, con esa cara de bueno, con esa grieta de vida, con ese peso de una sensibilidad descomunal. Y se sentó.

Breve presentación y ante todo humildad: “Voy a tocar un ratito. Vengo de Bilbao, de Sevilla, y parece que ha gustado mucho mi recital. Espero que hoy sea igual”. Esa forma de hablar, ahora, resulta aún más conmovedora.

Se estiró por taranta y nosotros en la butaca. Parece que el amigo sí, derrocha ganas, y tiene fuerza en la pulsación. Pica, se imagina la música y es capaz de contarla. Es personal, no se parece a nadie, pero a nadie de verdad. Ojo con lo que significa todo eso.

No tardamos en abrir las orejas y los ojos, como platos se nos quedaron ya para el resto de la noche tras una soberana soleá. Magistral. ¿Pero este hombre quién es? ¿Pero habéis escuchado eso? Me dice una amiga… “Oye tú estarás flipando, ¿no?”

Alegría y rondeña colosales. Estructuradas como piezas de artesano, como si hubieran salido de un Mozart empollado. Melódicamente bellísimas y con riqueza de recursos clásicos y flamencos, un lenguaje único. Sencillez que era una fuente de agua cristalina en tiempos de calimocho melódico. La pena es que no vino ninguno de los que ahora se supone que tienen la llave. Roguemos a los aficionados que lleven cámaras a los conciertos de Riqueni, pierdan los escrúpulos y lo graben y difundan todo. Ni puñetero caso a las normas. ¿No dicen ahora algún@s guays que hay que saltárselas si no nos gustan? Pues eso. Esto no puede perderse, esto es el Evangelio de la guitarra actual.

Qué sonidazo, qué forma de llegar a la gente. Le pido un lápiz a mi compañero. Esto lo tengo que contar por mis narices. ¿En qué coño iba pensando yo yendo de jarana sin las herramientas de un periodista? Así me van a adelantar por todos los lados.

Rafael Riqueni va a sacar disco en otoño, el prometido “Parque de María Luisa”. Y nos avanzó “Trinos”. Homenaje a la fauna ornitológica sevillana. A partir de ahora que trate de evadirse de los buitres que empezarán a rondarle, si no lo han hecho ya, porque este artista viene no para pedir cuatro conciertos y un apaño. Riqueni está de vuelta para poner firme al escalafón de la guitarra, y miren a quien quieran porque a ese nivel se ha puesto. Escuchen sus trémolos y échense a temblar. Tanta belleza puede ser temible.

Si el sábado pasado nos topamos con una excelente pero barruntada noticia con Gallardo y Cortés, el pasado miércoles un viejo amigo de aquel se  erigió como máxima novedad y sorpresiva alegría para el toque. Estamos en racha.

Tras más de tres cuartos de hora en solitario, los tiempos cambiarán para la guitarra, Riqueni llamó a su sobrino José Acedo y se marcaron una fantasía en tres tiempos: libre, alegría y bulería. Pero siempre guitarra y nada más que guitarra.

Esos fandangos a “Niño Miguel” que olieron a compañerismo y vidas paralelas. Esa bulería “Romero Verde” de su otro amigo desaparecido Manuel Molina. El trabajo a dúo fue perfecto. Ahí hubo muchas horas de estudio. Está recuperado ¡¡del todo!!

Se unió al dúo para terminar por rumbas Manuel Amador, de la estirpe de los genios homónimos sevillanos. Mucha suerte, chaval. Vas a aprender un huevo si eres un poco espabilado. No te distraigas. Nosotros ya estamos preguntando por ahí cuando será el próximo. Como no nos lo traigan pronto tendremos que hacer colecta. O lo que sea.

Paco de Lucía, cuando le preguntaban por los guitarristas que venían pisando fuerte, hablaba de Riqueni como “Rafaelito Riqueni”. Nos hubiera encantado saber su opinión de lo que vimos en la Abadía. Veinte años después estábamos ante un artista nuevo. Sin diminutivos, ni aditivos. Por no llevar no puso ni afinador a su guitarra. A ver si sabemos de verdad cuidar este tesoro y el flamenco hace bien su trabajo para merecerlo.

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One thought on “Rafael Riqueni en el Teatro de la Abadía

  1. Que lástima, a este concierto no fui. Está claro que hay que asumir riesgos para encontrarte con lo «nuevo» y bueno. Me alegro por lo que viste, y me alegro que lo puedas escribir de esta manera tan convincente. Me alegro que tome valor la guitarra con el maestro Riqueni

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