Pablo San Nicasio  @pablosannicasio

Desde esa cantera inagotable que es Jerez de la Frontera y concretamente el barrio de San Miguel, el guitarrista Javier Patino nos hace llegar “Oro Negro”, disco que recoge grabaciones de una guitarra enseñada a batallar con el cante y el baile pero que a la vez ofrece interesantes versiones de toques solistas. De nuevo un guitarrista de primer nivel que merece más atención. Y van dos discos.

Arrancando estupendamente, con esas “En la Alameda”, alegrías en las que a la voz de “Londro” ya se le nota ese “sonío negro” que da la madurez. Y a Patino se le conoce que sabe siempre estar en su sitio y destacar en falsetones. Gran pista de arranque con “scordattura” marca de la casa.

“Pelirón”, bulerías que se inician como “a lo loco” pero no, con esa melodía que tiene ecos rockeros y hasta recuerda a algún preludio de Bach pero que evoca también al virtuosismo de su destinatario, Gerardo Núñez, muy presente en todos los créditos de un disco en el que su autor se siente en constante agradecimiento con el maestro.

De un gusto exquisito y guiños a otros estilos de guitarra, pero siempre en flamenco, la solera de Javier Patino se descubre en toques como “Amontillao”, original granaína con una no menos personal “scordattura”-afinación. Pieza dedicada a su padre.

Junto con la guajira “Guardalavaca” de estupenda solvencia técnica, originales texturas y tremenda flamencura, la malagueña “Mi Arriate” y la fantasía final “Oro Negro” rematan el disco homónimo en su versión solista. Álbum que equilibra el buen acompañamiento con la guitarra  exclusivamente de concierto.

Qué bien canta Jesús Méndez en “La Virgen de la Peña”, qué arranque por Dios.  Además de tocar bien, Patino se rodea de sus “vecinos” y “noveatú” la que se organiza en estas bulerías o en “Alfarero”, en las que será Tomasa la Macanita la voz cantante y quebrante. Porque sí, hay tres bulerías, pero muy diferentes. Que no se diga.

Originalísima farruca  es “Azahar”, con el saxo tenor de Diego Villegas, instrumentista que se asienta como sucesor de los grandes en su género.

Es Javier Patino un guitarrista curtido pero también “aprendido”, que aúna el conocimiento de décadas “girando” por el Mundo en compañías varias, con lo adquirido en las acrisoladas aulas del Conservatorio Superior de Córdoba. Que no se diga, de nuevo. Y a ver quién le tose. Gran actitud inconformista la de un guitarrista que mecere mejor suerte.

Álbum en el que también cabe destacar la percusión de “Cepillo” y las letras de Javier Ibáñez y cuya mejor definición al final de todo es: originalmente flamenco.

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