Concierto conmemorativo del musical

La situación del sector cultural obliga a muchas cosas, entre ellas a buscar la rentabilidad a toda costa. La tijera de ayudas a una institución como el Teatro Real ha obligado al patronato a abrir su recinto, otrora abonado al “purismo”, a artistas de todos los géneros. Desde el pop al flamenco, y lo que te rondaré morena.

REDACCIÓN CHALAURA

Si es para que la programación operística de calidad resulte viable y siempre que se acoten ciertos límites estéticos, no tendría que haber problema alguno.

También la copla, en su versión más auténtica y a la vez juvenil, supo este fin de semana aprovechar un tren que, quien sabe, quizá en tiempos mejores no habría parado en su estación de no estar las cosas patas arriba.

Así que contando con la calidad del cartel propuesto y el boato del envoltorio, las entradas para la secuela de “Azabache”, a pesar de su precio, llevaban agotadas tiempo atrás.

El espectáculo conmemora los veinte años del que protagonizaron algunas grandes, grandísimas, de la copla en los fastos del 92. Aunque no es menos cierto que todo esto de las colectividades artísticas tiene visos de ser, de paso, lo más socorrido en los tiempos actuales. Como antes, aquellas “tournés” que metían en un autobús a varios artistas de plaza en plaza (mayor y de toros) para paliar crisis, posguerras y cartillas de racionamiento.

No es que estemos todavía así, pero la complementariedad y a veces contrapuesta estética de los artistas en liza invitaba a pensar en la ecuación que arriba les contaba.

Con la dirección de José Miguel Évora, sobrino del gran Manolo Sanlúcar, al frente de una juvenil orquesta sinfónica, la esencia de “Azabache 20 años” es la sucesión de grandes piezas de copla, de la clásica, en cuatro versiones, tantas como artistas lleva el montaje. Al modelo de los míticos programas televisivos del ramo.

Desde el arranque protagonizado por Pasión Vega, con los “Suspiros de España”, hasta el final más abigarrado en el escenario, el público estuvo entregadísimo con los cuatro artistas. Haciendo también ellos un buen esfuerzo para la complacencia, pero se nos antoja que con diferente resultado.

No por la disparidad de calidades, más bien por la compleja personalidad musical de cada uno, que derivaba en resultados no siempre  compatibles con el clasicismo coplero, si es que se diera el caso. Si bien todos tienen unas condiciones vocales muy notables, sobresalieron las de una Diana Navarro sencillamente colosal.  Sus momentos con “Carmen de España”, «los Tientos del Cariño» o sus “Coplerías” no fueron alcanzados por ninguno de los restantes. Lo de esta artista promete. De ella sabremos pronto en nuestra web.

Nos quedamos también con la garra de Pastora Soler, quizá la folclórica más pura del póker. Mientras que Pasión Vega, otro dechado de facultades, tiró por la estética más vanguardista. El color flamenco, de pellizco frente al torrente, lo ponía Manuel Lombo. También jaleadísimo por un público al borde del paroxismo.

Con la sobria dirección de José Miguel Évora y la incontestable solvencia y flamencura de Pedro Sierra en la sonanta, los quilates del elenco de “Azabache” subieron, hay que decirlo, de una manera notable.

Un espectáculo de tres horas que dejó a todos contentos, incluso más allá. Aún así y sin entrar en matices, seguramente estaba previsto así, las diferencias entre los protagonistas resultaron evidentes. Mayores incluso que las de las matriarcas de dos décadas antes.

 

[box] Teatro Real, Madrid 25-2-2013 | Voces, Diana Navarro, Manuel Lombo, Pasión Vega y Pastora Soler | Guitarra, Pedro Sierra | Director de orquesta, José Miguel Évora.[/box]